El legado de un sabio
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
En reciente fecha de marzo ocurrió en Bogotá el deceso del sabio naturalista holandés Thomas van der Hammen, establecido en Colombia desde 1951. Entre otros títulos tuvo los de doctor en Botánica y Paleontología.
Ni su nombre ni mucho menos su obra son conocidos en nuestra región. A lo mejor muchos profesionales de por aquí fueron sus discípulos en las universidades capitalinas. Él fue cofundador de la Facultad de Geología de la Universidad Nacional.
Con base en las notas biográficas suyas publicadas en El Tiempo y El Espectador, quiero contar algunos de los trabajos científicos que en diversos puntos de la Orinoquia el profesor Thomas cumplió.
Quizá su primer contacto fue en 1952 cuando a bordo del hidroavión “El Catalina” llegó hasta el río Apaporis, selvática zona en la que realizó trabajos de geología y botánica, siendo apoyado por indígenas nativos. Con ese viaje se inició el periplo de diferentes misiones científicas por los Llanos y la selva.
En años posteriores las serranías de La Macarena (a la que según Jairo Ruiz Ch. los guayupes llamaban Aripo) y la de Chiribiquete con detenimiento fueron estudiadas por él. Igual ocurrió con en el páramo de Sumapaz, el más grande del mundo y que comparten Cundinamarca y Meta, allí hizo profundas investigaciones de su ecosistema.
La primera vez que leí el nombre del profesor van der Hammen fue en una nota periodística sobre una expedición a la serranía de Chiribiquete, en 1992, ubicada entre Guaviare y Caquetá.
Entre los hallazgos del grupo está la huella de quizá la más antigua presencia humana en la región. Son alrededor de 20 mil diferentes motivos pictóricos, estampados sobre descomunales paredes rocosas.
Por lo espectacular de dicha obra rupestre el científico holandés la llamó como “la capilla Sixtina de la Amazonia”.
Interesante es conocer el legado científico que sobre los llanos y la selva dejó el sabio Thomas van der Hammen.
(*) Comunicador Social comunitario
martes, 3 de agosto de 2010
La ruta de los abuelos
La ruta de los abuelos
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Este es un homenaje a mi Patria chica en su 170 aniversario oficial de germinación como asentamiento humano, en la base del cordillerano sistema de Buenavista.
No hablaré de asuntos del caserío de Gramalote, pues supongo que con la enseñanza de la Cátedra Villavicencio, creada mediante Acuerdo 033 de 2002, ya son conocidos.
Me referiré al camino de Santafé de Bogotá a Villavicencio. Quizá su origen es precolombino. De su uso en tiempos de la Colonia se sabe por notas de los misioneros que vinieron a cumplir su labor, por los viajes ganaderos desde la hacienda jesuita de Apiay y por un reporte de Eugenio Alvarado, comisionado de límites del reino español.
Ad portas de las batallas de Independencia los generales Santander y Serviez bajaron por esta senda. Igual hicieron después ciudadanos del Oriente de Cundinamarca que colonizaron las tierras de la hoy ciudad de Villavicencio.
Muy crítico del abrupto trazado del camino fue el político Emiliano Restrepo, quien hacia 1860 como contratista de obras le hizo correcciones a la ruta.
Siempre quise recorrer parte de ese sendero y gracias a una invitación del villavicense diputado José Luis Silva V. el pasado 16 de marzo lo logré en tramos de Chirajara hacia arriba y de Quetame para abajo.
Me resultó emocionante caminar la angosta vía de tanta significación para la historia socioeconómica regional. Por allí llegaron mis abuelos paternos y los de muchos otros paisanos.
Tuvimos la suerte de hallar ruinas de centenarias casas de piedra y adobe, que hasta la apertura del carreteable, en 1936, fueron posadas de cientos de viajeros. Ese viejo camino de herradura obliga hoy nuestras miradas y atención como ícono histórico del Meta.
Nota: congratulaciones para Pedro Pablo Pérez Puerta por su elección como Representante a la Cámara por la tierra vichadense. Indudablemente su departamento de Vichada se merece tenerlo en el parlamento nacional.
(*) Comunicador Social comunitario
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Este es un homenaje a mi Patria chica en su 170 aniversario oficial de germinación como asentamiento humano, en la base del cordillerano sistema de Buenavista.
No hablaré de asuntos del caserío de Gramalote, pues supongo que con la enseñanza de la Cátedra Villavicencio, creada mediante Acuerdo 033 de 2002, ya son conocidos.
Me referiré al camino de Santafé de Bogotá a Villavicencio. Quizá su origen es precolombino. De su uso en tiempos de la Colonia se sabe por notas de los misioneros que vinieron a cumplir su labor, por los viajes ganaderos desde la hacienda jesuita de Apiay y por un reporte de Eugenio Alvarado, comisionado de límites del reino español.
Ad portas de las batallas de Independencia los generales Santander y Serviez bajaron por esta senda. Igual hicieron después ciudadanos del Oriente de Cundinamarca que colonizaron las tierras de la hoy ciudad de Villavicencio.
Muy crítico del abrupto trazado del camino fue el político Emiliano Restrepo, quien hacia 1860 como contratista de obras le hizo correcciones a la ruta.
Siempre quise recorrer parte de ese sendero y gracias a una invitación del villavicense diputado José Luis Silva V. el pasado 16 de marzo lo logré en tramos de Chirajara hacia arriba y de Quetame para abajo.
Me resultó emocionante caminar la angosta vía de tanta significación para la historia socioeconómica regional. Por allí llegaron mis abuelos paternos y los de muchos otros paisanos.
Tuvimos la suerte de hallar ruinas de centenarias casas de piedra y adobe, que hasta la apertura del carreteable, en 1936, fueron posadas de cientos de viajeros. Ese viejo camino de herradura obliga hoy nuestras miradas y atención como ícono histórico del Meta.
Nota: congratulaciones para Pedro Pablo Pérez Puerta por su elección como Representante a la Cámara por la tierra vichadense. Indudablemente su departamento de Vichada se merece tenerlo en el parlamento nacional.
(*) Comunicador Social comunitario
Mujeres del joropo
Mujeres del joropo
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
En el marco del Día Internacional de la Mujer quiero recordar a tres damas que con su voz le han dado brillo a la música llanera.
En primer término hablaré de quizá la pionera en grabar joropos y pasajes. Si no estoy mal oriunda de Barinas, Venezuela. Su matizada voz está guardada en la memoria de los llanos venezolanos y colombianos y sus discos se escucharon a la par de los grandes intérpretes masculinos.
Me refiero a doña Adilia Castillo, que entre otras letras nos hizo cantar: “adiós sabanita verde, sabana verde con que dolor me despido”. Eran los años sesenta muy seguramente y rompió el machismo imperante en el folclor musical llanero.
Para el caso colombiano exalto la tarea de divulgación del joropo cantado, que en el exterior cumplen una vallecaucana y una cumaraleña.
Como estudiante formó una agrupación folclórica valluna que tocó joropos, ésto ocurrió en los años ochenta. Ese grupo tuvo por costumbre venir cada año al festival de San Martín y su cantante femenina hizo amigos folcloristas en Villavicencio.
Mientras sus compañeros tomaron otros rumbos ella continuó interpretando temas llaneros. Es tanto el apego de Consuelo Sastoque al joropo que desde Miami, donde está radicada, sigue divulgándolo.
A su vez nuestra paisana, graduada de Enfermera en la Unillanos e integrante de su pionero grupo llanero, tuvo el honor de haber ganado con Dumar Aljure el primer lugar en un festival del Joropo en Villavicencio como pareja de baile.
La vida hizo que Soraya Orduz esté radicada en Suiza y a la par de su profesión difunde el joropo cantado en escenarios de Europa. En la reciente visita a su patria chica grabó un disco que dejó sonar en la radio local días antes de su retorno al viejo continente.
Hasta aquí el tributo a tres mujeres de joropo. La labor folclórica que Consuelo Sastoque y Soraya Orduz hacen en el exterior se puede apreciar por internet ingresando sus nombres a Google.
(*) Comunicador Social comunitario
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
En el marco del Día Internacional de la Mujer quiero recordar a tres damas que con su voz le han dado brillo a la música llanera.
En primer término hablaré de quizá la pionera en grabar joropos y pasajes. Si no estoy mal oriunda de Barinas, Venezuela. Su matizada voz está guardada en la memoria de los llanos venezolanos y colombianos y sus discos se escucharon a la par de los grandes intérpretes masculinos.
Me refiero a doña Adilia Castillo, que entre otras letras nos hizo cantar: “adiós sabanita verde, sabana verde con que dolor me despido”. Eran los años sesenta muy seguramente y rompió el machismo imperante en el folclor musical llanero.
Para el caso colombiano exalto la tarea de divulgación del joropo cantado, que en el exterior cumplen una vallecaucana y una cumaraleña.
Como estudiante formó una agrupación folclórica valluna que tocó joropos, ésto ocurrió en los años ochenta. Ese grupo tuvo por costumbre venir cada año al festival de San Martín y su cantante femenina hizo amigos folcloristas en Villavicencio.
Mientras sus compañeros tomaron otros rumbos ella continuó interpretando temas llaneros. Es tanto el apego de Consuelo Sastoque al joropo que desde Miami, donde está radicada, sigue divulgándolo.
A su vez nuestra paisana, graduada de Enfermera en la Unillanos e integrante de su pionero grupo llanero, tuvo el honor de haber ganado con Dumar Aljure el primer lugar en un festival del Joropo en Villavicencio como pareja de baile.
La vida hizo que Soraya Orduz esté radicada en Suiza y a la par de su profesión difunde el joropo cantado en escenarios de Europa. En la reciente visita a su patria chica grabó un disco que dejó sonar en la radio local días antes de su retorno al viejo continente.
Hasta aquí el tributo a tres mujeres de joropo. La labor folclórica que Consuelo Sastoque y Soraya Orduz hacen en el exterior se puede apreciar por internet ingresando sus nombres a Google.
(*) Comunicador Social comunitario
Los papeles de Rivera
Los papeles de Rivera
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
En esta semana la Biblioteca Nacional de Colombia pone en exhibición algunos manuscritos de José Eustasio Rivera. Son varios cuadernos originales de La vorágine.
Este importante acontecimiento de la historia literaria colombiana e hispanoamericana me hizo recordar, que en 1988 con motivo del centenario del nacimiento de Rivera la FAFO –Fundación Archivo Fotográfico de la Orinoquia- con apoyo del Banco de la República llevó a cabo una investigación sobre la Ruta de Rivera por el Llano.
En cumplimiento de ese proyecto junto con Nancy Espinel y Constantino Castelblanco ubicamos y recorrimos algunos sitios por los que en 1916 el joven abogado José Eustasio hizo su viaje desde Villavicencio hasta Orocué, pueblo casanareño en donde se radicó para encargarse de una herencia dejada por Ramón Oropeza.
Allí, en donde empezó a escribir su clásica obra, detectamos las siguientes huellas de su presencia. Don Ricardo Tibidor, nos dijo que siendo casi niño ayudó al abogado luego de que algún animal le hirió un pié dentro de un caño cercano.
Encontramos una silla tipo vienesa de la oficina del señor Teodoro Amézquita, quien compartió su recinto con José Eustasio. La famosa silla sigue en la casa de siempre de esa familia, habitada hoy por Chavita.
Pero la prueba reina de su estancia allí la hallamos en los juzgados del pueblo.
Entre cajas de cartón y mal conservados estaban los expedientes originales de las sucesiones de los hatos Mata de Palma y Mata de Vaquero, a cargo del abogado huilense.
En sus portadas vimos estampada con tinta negra la firma autógrafa de José Eustasio Rivera, de excelente caligrafía.
Hoy cuando la Biblioteca Nacional hace la exposición con las notas del escritor, me pregunto: ¿qué habrá pasado en Orocué con aquellos expedientes?, ¿acaso el pueblo que orgulloso se hace llamar “cuna de La vorágine” dejó perder ese legado histórico, anterior a la célebre obra literaria?
(*) Comunicador Social comunitario
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
En esta semana la Biblioteca Nacional de Colombia pone en exhibición algunos manuscritos de José Eustasio Rivera. Son varios cuadernos originales de La vorágine.
Este importante acontecimiento de la historia literaria colombiana e hispanoamericana me hizo recordar, que en 1988 con motivo del centenario del nacimiento de Rivera la FAFO –Fundación Archivo Fotográfico de la Orinoquia- con apoyo del Banco de la República llevó a cabo una investigación sobre la Ruta de Rivera por el Llano.
En cumplimiento de ese proyecto junto con Nancy Espinel y Constantino Castelblanco ubicamos y recorrimos algunos sitios por los que en 1916 el joven abogado José Eustasio hizo su viaje desde Villavicencio hasta Orocué, pueblo casanareño en donde se radicó para encargarse de una herencia dejada por Ramón Oropeza.
Allí, en donde empezó a escribir su clásica obra, detectamos las siguientes huellas de su presencia. Don Ricardo Tibidor, nos dijo que siendo casi niño ayudó al abogado luego de que algún animal le hirió un pié dentro de un caño cercano.
Encontramos una silla tipo vienesa de la oficina del señor Teodoro Amézquita, quien compartió su recinto con José Eustasio. La famosa silla sigue en la casa de siempre de esa familia, habitada hoy por Chavita.
Pero la prueba reina de su estancia allí la hallamos en los juzgados del pueblo.
Entre cajas de cartón y mal conservados estaban los expedientes originales de las sucesiones de los hatos Mata de Palma y Mata de Vaquero, a cargo del abogado huilense.
En sus portadas vimos estampada con tinta negra la firma autógrafa de José Eustasio Rivera, de excelente caligrafía.
Hoy cuando la Biblioteca Nacional hace la exposición con las notas del escritor, me pregunto: ¿qué habrá pasado en Orocué con aquellos expedientes?, ¿acaso el pueblo que orgulloso se hace llamar “cuna de La vorágine” dejó perder ese legado histórico, anterior a la célebre obra literaria?
(*) Comunicador Social comunitario
¡Urgente: hay que reforestar con sarrapia!
¡Urgente: hay que reforestar con sarrapia!
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Hace ya algún tiempo en este espacio referí algo sobre una especie vegetal antes muy conocida en la región, la que ahora es totalmente ignorada.
Se trata de la sarrapia. Recuerdo que por esta época del año la muchachada villavicense aprovechaba sus lúdicos paseos bañándose en los pozos de frescas aguas del caño Buque en su cuenca alta y recogiendo la comestible cosecha del citado árbol, presente en ese sector del municipio.
El fruto de la sarrapia tiene parecido en forma y tamaño a la curuba y en su interior al mango, con pulpa azucarada adherida a las vellosidades de la dura corteza que contiene una almendra.
Diphysa Punctata es el nombre científico de la sarrapia, propia de la región orinoquense y amazónica colombo venezolana. La propagación de esta especie es por semilla. En su estado adulto alcanza alturas entre 8 y 30 metros. Su porte es muy parecido al del mango.
En tiempos del apogeo comercial por los ríos Meta y Orinoco, el Océano Atlántico y Europa, la almendra de la sarrapia fue producto de exportación para fines industriales en los campos de la medicina y la perfumería.
Las copiosas cosechas se recogían en los bosques nativos y se embarcaban desde los principales puertos sobre los ríos Arauca y del Meta como Cabuyaro y Orocué. Debo aclarar que lo pertinente a los productos agrícolas cosechados en las vecindades de Villavicencio se llevaban a lomo de mula hasta Puerto Barrigón (hoy sector de Puerto Porfía) sobre el río Humea, afluente del Meta.
En la década final de la centuria de 1800 el Ingeniero Civil Jorge Brisson, francés, por encargo oficial del gobierno de Colombia practicó una recorrido por Casanare.
Este trabajo dio origen al libro “Casanare”. En una de sus páginas así cuenta sobre el cultivo de sarrapia en el hato Mata de Palma, igual de los usos que el hombre le da a su fruto:
“Las plantaciones son de sarrapia entremezcladas con café y cacao; la sombra la dan los plátanos primero, y luego las sarrapias cuando han adquirido suficiente desarrollo. El palo de sarrapia produce a los cinco años; la cosecha es casi perenne, pero da mayormente en los meses de febrero, marzo y abril. Vale la libra de sarrapia en Ciudad Bolívar de quince a veinte reales.
Esta almendra, es conocida en Europa con el nombre de Haba del Tonkin o Tunca, además de ser muy empleada para la fabricación de perfumes y de licores, la desinfección de ciertos medicamentos como el yodoformo, ect., produce la sal de cumarú o cumarina que sirve como principio activo en la composición de varios medicamentos cordiales y tónicos”
Pero además del fruto la madera del sarrapio por su dureza también ofrece bondades con variados usos. Su frondoso follaje le da posibilidades ornamentales.
Los anteriores motivos me dan la razón para pedirles a los gobiernos departamentales y municipales, así como a la academia del territorio orinoquense colombiano, para que implementen programas de reforestación con sarrapia.
En las cacareadas políticas de sustitución de cultivos ilícitos debe incluirse esta especie silvestre de tanta significación para la etnobotánica, usos que pueden inspirar nuevas investigaciones científicas.
Así mismo, nada mejor en estos tiempos de recalentamiento solar que la siembra de árboles de sarrapia en los parques y otros espacios públicos de pueblos y ciudades.
Bajo sus generosos follajes la gente podrá guarecerse de los rayos del sol.
Las tierras de la Orinoquia colombiana deben volver a poblarse con bosques de sarrapia y a gozar de su particular aroma.
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Hace ya algún tiempo en este espacio referí algo sobre una especie vegetal antes muy conocida en la región, la que ahora es totalmente ignorada.
Se trata de la sarrapia. Recuerdo que por esta época del año la muchachada villavicense aprovechaba sus lúdicos paseos bañándose en los pozos de frescas aguas del caño Buque en su cuenca alta y recogiendo la comestible cosecha del citado árbol, presente en ese sector del municipio.
El fruto de la sarrapia tiene parecido en forma y tamaño a la curuba y en su interior al mango, con pulpa azucarada adherida a las vellosidades de la dura corteza que contiene una almendra.
Diphysa Punctata es el nombre científico de la sarrapia, propia de la región orinoquense y amazónica colombo venezolana. La propagación de esta especie es por semilla. En su estado adulto alcanza alturas entre 8 y 30 metros. Su porte es muy parecido al del mango.
En tiempos del apogeo comercial por los ríos Meta y Orinoco, el Océano Atlántico y Europa, la almendra de la sarrapia fue producto de exportación para fines industriales en los campos de la medicina y la perfumería.
Las copiosas cosechas se recogían en los bosques nativos y se embarcaban desde los principales puertos sobre los ríos Arauca y del Meta como Cabuyaro y Orocué. Debo aclarar que lo pertinente a los productos agrícolas cosechados en las vecindades de Villavicencio se llevaban a lomo de mula hasta Puerto Barrigón (hoy sector de Puerto Porfía) sobre el río Humea, afluente del Meta.
En la década final de la centuria de 1800 el Ingeniero Civil Jorge Brisson, francés, por encargo oficial del gobierno de Colombia practicó una recorrido por Casanare.
Este trabajo dio origen al libro “Casanare”. En una de sus páginas así cuenta sobre el cultivo de sarrapia en el hato Mata de Palma, igual de los usos que el hombre le da a su fruto:
“Las plantaciones son de sarrapia entremezcladas con café y cacao; la sombra la dan los plátanos primero, y luego las sarrapias cuando han adquirido suficiente desarrollo. El palo de sarrapia produce a los cinco años; la cosecha es casi perenne, pero da mayormente en los meses de febrero, marzo y abril. Vale la libra de sarrapia en Ciudad Bolívar de quince a veinte reales.
Esta almendra, es conocida en Europa con el nombre de Haba del Tonkin o Tunca, además de ser muy empleada para la fabricación de perfumes y de licores, la desinfección de ciertos medicamentos como el yodoformo, ect., produce la sal de cumarú o cumarina que sirve como principio activo en la composición de varios medicamentos cordiales y tónicos”
Pero además del fruto la madera del sarrapio por su dureza también ofrece bondades con variados usos. Su frondoso follaje le da posibilidades ornamentales.
Los anteriores motivos me dan la razón para pedirles a los gobiernos departamentales y municipales, así como a la academia del territorio orinoquense colombiano, para que implementen programas de reforestación con sarrapia.
En las cacareadas políticas de sustitución de cultivos ilícitos debe incluirse esta especie silvestre de tanta significación para la etnobotánica, usos que pueden inspirar nuevas investigaciones científicas.
Así mismo, nada mejor en estos tiempos de recalentamiento solar que la siembra de árboles de sarrapia en los parques y otros espacios públicos de pueblos y ciudades.
Bajo sus generosos follajes la gente podrá guarecerse de los rayos del sol.
Las tierras de la Orinoquia colombiana deben volver a poblarse con bosques de sarrapia y a gozar de su particular aroma.
2010 aniversarios a granel
2010 aniversarios a granel
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Ha comenzado el año en el que se cumplirán aniversarios una serie de hechos que guardan importancia histórica para el territorio metense. A continuación me referiré en particular a algunos de estos acontecimientos.
Bicentenario de las Independencias: si bien sabemos que en las sabanas de Casanare y Arauca se armaron los grupos de guerrillas libertarias, hay que decir que las del Meta igual fueron escenario.
Aniversario de fundación de Villavicencio: con base en su fecha oficial, el 6 de abril se cumplirán los 170 de la capital metense, teniendo como primeros habitantes a vecinos del Oriente cundinamarqués.
Cumpleaños de llamarse Villavicencio: el 21 de octubre serán ya 160 años desde cuando la Cámara Provincial de Bogotá rebautizó al caserío con el nombre actual, hasta ese momento de 1850 se llamó Gramalote.
Las bodas de Oro de nuestro departamento se cumplirán el 1 de julio. El presidente Alberto Lleras en igual fecha de 1960 vino a Villavicencio, para ser testigo del cambio de vida político administrativa del territorio que hasta entonces fue Intendencia. En ese festivo día Ernesto Jara Castro tomó posesión como primer gobernador.
Unillanos llega a sus siete lustros: el Alma Mater de la región orinoquense cumplirá 35 años de vida académica. Fue el 2 de mayo de 1975 cuando por vez primera la naciente institución de educación superior recibió a sus primeros estudiantes en el colegio INEM.
Puerto Santander, Fuentedeoro, celebrará dos décadas de los hallazgos guayupes en sus calles. Tales hechos ocurrieron a finales de junio de 1990. Hoy día es sede del único museo arqueológico de toda la región.
Por último, el imponente Joropódromo de Villavicencio en junio llegará a su X edición.
Nota: Señor Gobernador, una buena manera de celebrarle las Bodas de Oro al Meta es apoyando, a través del plan Casabe, a las reconocidas obras sociales Sopa Juan XXIII y Hogar del Niño. Gracias.
(*) Comunicador Social comunitario
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Ha comenzado el año en el que se cumplirán aniversarios una serie de hechos que guardan importancia histórica para el territorio metense. A continuación me referiré en particular a algunos de estos acontecimientos.
Bicentenario de las Independencias: si bien sabemos que en las sabanas de Casanare y Arauca se armaron los grupos de guerrillas libertarias, hay que decir que las del Meta igual fueron escenario.
Aniversario de fundación de Villavicencio: con base en su fecha oficial, el 6 de abril se cumplirán los 170 de la capital metense, teniendo como primeros habitantes a vecinos del Oriente cundinamarqués.
Cumpleaños de llamarse Villavicencio: el 21 de octubre serán ya 160 años desde cuando la Cámara Provincial de Bogotá rebautizó al caserío con el nombre actual, hasta ese momento de 1850 se llamó Gramalote.
Las bodas de Oro de nuestro departamento se cumplirán el 1 de julio. El presidente Alberto Lleras en igual fecha de 1960 vino a Villavicencio, para ser testigo del cambio de vida político administrativa del territorio que hasta entonces fue Intendencia. En ese festivo día Ernesto Jara Castro tomó posesión como primer gobernador.
Unillanos llega a sus siete lustros: el Alma Mater de la región orinoquense cumplirá 35 años de vida académica. Fue el 2 de mayo de 1975 cuando por vez primera la naciente institución de educación superior recibió a sus primeros estudiantes en el colegio INEM.
Puerto Santander, Fuentedeoro, celebrará dos décadas de los hallazgos guayupes en sus calles. Tales hechos ocurrieron a finales de junio de 1990. Hoy día es sede del único museo arqueológico de toda la región.
Por último, el imponente Joropódromo de Villavicencio en junio llegará a su X edición.
Nota: Señor Gobernador, una buena manera de celebrarle las Bodas de Oro al Meta es apoyando, a través del plan Casabe, a las reconocidas obras sociales Sopa Juan XXIII y Hogar del Niño. Gracias.
(*) Comunicador Social comunitario
Habemus sexagenario
Habemus sexagenario
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
En igual fecha, hoy hace sesenta años muy seguramente los villavicenses andaban alborotados ultimando los detalles para realizar, al día siguiente, un acontecimiento de honda significación ciudadana.
La batuta de ese jolgorio la manejaba el cura párroco del poblado, sacerdote Eliseo Achury, quien desde un año antes tenía las riendas de una obra que se convirtió en símbolo de la capital metense.
Estoy hablando de la inauguración del edificio religioso en la cima del vecino cerro de El Redentor. Por supuesto que me refiero a Cristo Rey, cuyos trabajos de construcción comenzaron en septiembre de 1948.
El cura Achury invitó a sus feligreses a pedirle a Cristo Rey por la paz de la región, y que esa petición se materializara con la construcción de un templo en aquel mirador natural.
Sobre el trabajo comunitario que generó esa obra, Monseñor Bruls – el segundo obispo de Villavicencio- cuenta en sus memorias que: “…se vio el alegre espectáculo de que a la hora de terminar las clases en los colegios, se formaba una larga procesión de jóvenes y niñas, que subían la cuesta llevando todos una piedra al hombro”.
En medio de gran pompa religiosa el 30 de octubre, Día de Cristo Rey, del año 1949 ocurrió la solemne bendición del colosal monumento, autoría de Dídimo Beltrán quien lo construyó en Bogotá.
A partir de ese día el sitio se convirtió en principal atractivo turístico de propios y forasteros.
Para celebrarle el 60° aniversario a esta simbológica obra religiosa, en el colegio La Salle mañana viernes 30 habrá un conversatorio sobre el pasado y la actualidad de nuestro Cristo Rey y su entorno; luego se cumplirá una caminata, por una senda que parte de ese centro de educación hasta el monumento.
Coordinan la celebración sexagenaria de la patrimonial obra el hermano rector del colegio y del diputado José Luis Silva V.
(*) Comunicador Social comunitario
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
En igual fecha, hoy hace sesenta años muy seguramente los villavicenses andaban alborotados ultimando los detalles para realizar, al día siguiente, un acontecimiento de honda significación ciudadana.
La batuta de ese jolgorio la manejaba el cura párroco del poblado, sacerdote Eliseo Achury, quien desde un año antes tenía las riendas de una obra que se convirtió en símbolo de la capital metense.
Estoy hablando de la inauguración del edificio religioso en la cima del vecino cerro de El Redentor. Por supuesto que me refiero a Cristo Rey, cuyos trabajos de construcción comenzaron en septiembre de 1948.
El cura Achury invitó a sus feligreses a pedirle a Cristo Rey por la paz de la región, y que esa petición se materializara con la construcción de un templo en aquel mirador natural.
Sobre el trabajo comunitario que generó esa obra, Monseñor Bruls – el segundo obispo de Villavicencio- cuenta en sus memorias que: “…se vio el alegre espectáculo de que a la hora de terminar las clases en los colegios, se formaba una larga procesión de jóvenes y niñas, que subían la cuesta llevando todos una piedra al hombro”.
En medio de gran pompa religiosa el 30 de octubre, Día de Cristo Rey, del año 1949 ocurrió la solemne bendición del colosal monumento, autoría de Dídimo Beltrán quien lo construyó en Bogotá.
A partir de ese día el sitio se convirtió en principal atractivo turístico de propios y forasteros.
Para celebrarle el 60° aniversario a esta simbológica obra religiosa, en el colegio La Salle mañana viernes 30 habrá un conversatorio sobre el pasado y la actualidad de nuestro Cristo Rey y su entorno; luego se cumplirá una caminata, por una senda que parte de ese centro de educación hasta el monumento.
Coordinan la celebración sexagenaria de la patrimonial obra el hermano rector del colegio y del diputado José Luis Silva V.
(*) Comunicador Social comunitario
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