Cabuyaro: ayer y hoy
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Por el proyecto “Desafíos del transporte rural en zona de influencia del alto río Meta”, a cargo de estudiantes del programa de Economía de la Unillanos dirigidos por los profesores Yolanda Flórez y Alberto Castro, en pasados días volví a Cabuyaro.
La historia regional dice de la importancia comercial que el pueblo tuvo en épocas de los siglos XIX y XX, por ser punto extremo de la navegación a vapor internacional desde puertos venezolanos sobre el Orinoco.
Cabuyaro sirvió como sitio de distribución de altos volúmenes de bienes europeos y regionales hacia el centro del país por el camino de Medina, igual como paso de vaquerías para Villavicencio. Deducible es su apogeo socio económico.
Desde la capital del departamento se llega por las carreteras de Barranca de Upía y Puerto Porfía, igual por Puerto López a través del río Meta y por la vía de La Banqueta, la de mayor movimiento para lo cual 3 planchones prestan sus servicios.
En jornada de tradición oral con antiguos habitantes del poblado, citada por el alcalde Alfonso Medina y los investigadores unillanistas, afloraron añejas historias como los incendios que acabaron las pajizas casas, el inolvidable sonido del pito del último vapor que por allí pasó, los tres traslados del pueblo por acción del río, el arribo del primer carro y las copiosas pescas de especies hoy extinguidas.
Con base en los quiméricos relatos me pregunto: ¿qué le pasó al pueblo para que tenga la suerte que hoy vive?. Me da la impresión que hace mucho soporta el desdén gubernamental.
A simple vista opino que su futuro económico puede estar en el turismo ecológico y religioso con la óptima utilización del río Meta y las peregrinaciones ante el Señor de los Milagros, imagen de reciente entronización. Por verse están los impactos que le traerá el muelle que se construye. ¡Su histórico pasado en el plano internacional hace a Cabuyaro merecedor de más atención!.
(*) Comunicador Social comunitario
martes, 3 de agosto de 2010
A volar pitingles
A volar pitingles
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Estamos en la mitad del mes de los vientos, época en la que, antes más que hoy, el cielo de Villavicencio se tapiza con livianos aparatos, los que con sus juguetones vuelos forman cuadros polícromos.
Aunque ahora se impuso la cometa, el antaño villavicense recuerda un particular diseño para los aparatos voladores a los que llamábamos “pitingles”, voz extraña de uso cotidiano en el pueblo y la que el diccionario de la lengua española no contiene, por lo que es difícil decir quién, cuándo y de dónde nos llegó.
Al final de julio comenzaba el proceso con paseos a las riberas de los caños y ríos en búsqueda de veradas, que son parte de la flor de la caña brava que para la época ofrece su florescencia.
Con la vara, partida por la mitad, se arma el arqueado esqueleto del pitingle tarea manual que además requiere de hilo calabré, papel seda de colores que se conseguía en las tiendas bajo el simple pedido de “papel para pitingle” que se pegaba con engrudo de yuca.
El producto final, elevado con pita, tiene forma de diamante y el éxito es lograr que quede volador. Para equilibrarlo le colocan tiras de papel o ramas en los extremos horizontales.
El tiempo de los pitingles permitía espacios de unión familiar y amistosa. Esta lúdica actividad se hacía en potreros y el cerro de Cristo Rey. Cada año una emisora hizo concursos que premiaron los más grandes y pequeños, así como el más elevado.
El piloto se divertía enviando, desde tierra, mensajes con papeles que por la piola iban hasta el aparato, también haciendo pilatunas colocando un pedazo de cuchilla de afeitar en su pita la que al acercarla, en el aire, cortaban la de los vecinos juguetes.
Cada año en agosto con igual diseño el cielo villavicense se salpicaba de pitingles de todos los tamaños y matices, hábilmente dirigidos por grandes y chicos. Ahora la particular geométrica figura casi no se ve, por lo que su extraño nombre está en desuso.
(*) Comunicador Social comunitario
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Estamos en la mitad del mes de los vientos, época en la que, antes más que hoy, el cielo de Villavicencio se tapiza con livianos aparatos, los que con sus juguetones vuelos forman cuadros polícromos.
Aunque ahora se impuso la cometa, el antaño villavicense recuerda un particular diseño para los aparatos voladores a los que llamábamos “pitingles”, voz extraña de uso cotidiano en el pueblo y la que el diccionario de la lengua española no contiene, por lo que es difícil decir quién, cuándo y de dónde nos llegó.
Al final de julio comenzaba el proceso con paseos a las riberas de los caños y ríos en búsqueda de veradas, que son parte de la flor de la caña brava que para la época ofrece su florescencia.
Con la vara, partida por la mitad, se arma el arqueado esqueleto del pitingle tarea manual que además requiere de hilo calabré, papel seda de colores que se conseguía en las tiendas bajo el simple pedido de “papel para pitingle” que se pegaba con engrudo de yuca.
El producto final, elevado con pita, tiene forma de diamante y el éxito es lograr que quede volador. Para equilibrarlo le colocan tiras de papel o ramas en los extremos horizontales.
El tiempo de los pitingles permitía espacios de unión familiar y amistosa. Esta lúdica actividad se hacía en potreros y el cerro de Cristo Rey. Cada año una emisora hizo concursos que premiaron los más grandes y pequeños, así como el más elevado.
El piloto se divertía enviando, desde tierra, mensajes con papeles que por la piola iban hasta el aparato, también haciendo pilatunas colocando un pedazo de cuchilla de afeitar en su pita la que al acercarla, en el aire, cortaban la de los vecinos juguetes.
Cada año en agosto con igual diseño el cielo villavicense se salpicaba de pitingles de todos los tamaños y matices, hábilmente dirigidos por grandes y chicos. Ahora la particular geométrica figura casi no se ve, por lo que su extraño nombre está en desuso.
(*) Comunicador Social comunitario
Caminando rumbo a las salinas de La Campana
Caminando rumbo a las salinas de La Campana
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
En el comienzo del nuevo siglo, es decir hace ocho años, tuve la oportunidad de ir a algunos parajes nada conocidos en el contexto departamental, no obstante estar ubicados en aledañas veredas del municipio más cercano a Villavicencio, me refiero a Restrepo.
Hace ya algún buen tiempo en este espacio narré mi visita, en compañía de apreciados amigos, al géiser ubicado en la cuenca alta de la quebrada Salinas, en cuya ruta además localizamos fósiles. Vale la pena decir que durante lo corrido del año 2008 este fenómeno geológico cesó su actividad.
Esta vez, con base en la noticia que cuenta sobre la futura explotación industrial de las minas de sal de La Campana, me propongo a referirles detalles de eco paseos cumplidos hasta allí junto a personas gomosas de recorrer y conocer paisajes de nuestro territorio.
La primera ocasión ocurrió en los iniciales días del 2000. Bajo la guía de Carlos Lozano Fandiño y en trilogía con Manuel Torres Contreras, partimos por la carretera que del cementerio de Restrepo conduce a la quebrada Salinas.
Pasamos su corriente y tomamos el cauce del afluente que justo a esa altura le rinde sus aguas. Playa arriba caminamos y en no se que sitio encontramos una gran roca fosilizada, con algo parecido a muchas colonias de corales.
Sin precisar los desvíos que tomamos, por barrancos y por el lecho de varios caños, fuimos subiendo apreciando vegetación variada, erosiones en las márgenes y sectores con mariposas amarillas.
Por fin en la cuenca media del afluente central localizamos dos especies de campamentos, dotados de sendos hornos de leña con varias calderas cada uno. Una red de mangueras conducía por gravedad la salmuera desde dos pequeños manantiales ubicados cerca.
A este accidente natural se le conoce como las salinas de La Campana. Debo decir que hasta entonces yo creía que Restrepo solo tenía yacimientos de cloruro de sodio en Upín.
Ese día vimos la artesanal tarea de cocinar el líquido, con leña cortada en los alrededores, permitiendo la obtención de algunas arrobas de sal en ese lugar de difícil acceso, por lo que quienes cumplían la labor para movilizar la carga hasta el casco urbano requerían del indispensable apoyo de algunas mulas.
Nuestra curiosidad expedicionaria permitió detectar en el barranco derecho de esa quebrada, una buena cantidad de pedazos de vasijas de barro de diferentes grosores y texturas. Esto no hizo pensar en posibles remotas explotaciones del mineral salino, muy seguramente a cargo de los aborígenes que habitaron estos territorios.
Por ello, en posterior viaje invitamos a la antropóloga Ninfa Quintero, quien recogió muestras de los fragmentos cerámicos y tomó fotografías del corte del barranco.
Son tres las eco caminatas que hemos cumplido a la salina de La Campana. El viaje más nutrido en integrantes lo compartimos con Nancy Espinel, Duperly Martínez, Alberto Duarte, los dos con sus señoras e hijos. En esa oportunidad de contacto con la naturaleza vimos el apareamiento de dos culebras.
Hace ya varios años que no visito el lugar. Si las condiciones de la ruta siguen siendo las mismas, recomiendo a quienes quieran ir a este ignorado yacimiento salino que además de un guía, por su puesto Carlos Lozano, por seguridad es pertinente hacerlo en temporada seca, debido a la cantidad de pequeños y medianos afluentes que bajan de las lomas buscando la quebrada Salinas.
(*) Comunicador Social comunitario, Coordinador Cultural Unillanos
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
En el comienzo del nuevo siglo, es decir hace ocho años, tuve la oportunidad de ir a algunos parajes nada conocidos en el contexto departamental, no obstante estar ubicados en aledañas veredas del municipio más cercano a Villavicencio, me refiero a Restrepo.
Hace ya algún buen tiempo en este espacio narré mi visita, en compañía de apreciados amigos, al géiser ubicado en la cuenca alta de la quebrada Salinas, en cuya ruta además localizamos fósiles. Vale la pena decir que durante lo corrido del año 2008 este fenómeno geológico cesó su actividad.
Esta vez, con base en la noticia que cuenta sobre la futura explotación industrial de las minas de sal de La Campana, me propongo a referirles detalles de eco paseos cumplidos hasta allí junto a personas gomosas de recorrer y conocer paisajes de nuestro territorio.
La primera ocasión ocurrió en los iniciales días del 2000. Bajo la guía de Carlos Lozano Fandiño y en trilogía con Manuel Torres Contreras, partimos por la carretera que del cementerio de Restrepo conduce a la quebrada Salinas.
Pasamos su corriente y tomamos el cauce del afluente que justo a esa altura le rinde sus aguas. Playa arriba caminamos y en no se que sitio encontramos una gran roca fosilizada, con algo parecido a muchas colonias de corales.
Sin precisar los desvíos que tomamos, por barrancos y por el lecho de varios caños, fuimos subiendo apreciando vegetación variada, erosiones en las márgenes y sectores con mariposas amarillas.
Por fin en la cuenca media del afluente central localizamos dos especies de campamentos, dotados de sendos hornos de leña con varias calderas cada uno. Una red de mangueras conducía por gravedad la salmuera desde dos pequeños manantiales ubicados cerca.
A este accidente natural se le conoce como las salinas de La Campana. Debo decir que hasta entonces yo creía que Restrepo solo tenía yacimientos de cloruro de sodio en Upín.
Ese día vimos la artesanal tarea de cocinar el líquido, con leña cortada en los alrededores, permitiendo la obtención de algunas arrobas de sal en ese lugar de difícil acceso, por lo que quienes cumplían la labor para movilizar la carga hasta el casco urbano requerían del indispensable apoyo de algunas mulas.
Nuestra curiosidad expedicionaria permitió detectar en el barranco derecho de esa quebrada, una buena cantidad de pedazos de vasijas de barro de diferentes grosores y texturas. Esto no hizo pensar en posibles remotas explotaciones del mineral salino, muy seguramente a cargo de los aborígenes que habitaron estos territorios.
Por ello, en posterior viaje invitamos a la antropóloga Ninfa Quintero, quien recogió muestras de los fragmentos cerámicos y tomó fotografías del corte del barranco.
Son tres las eco caminatas que hemos cumplido a la salina de La Campana. El viaje más nutrido en integrantes lo compartimos con Nancy Espinel, Duperly Martínez, Alberto Duarte, los dos con sus señoras e hijos. En esa oportunidad de contacto con la naturaleza vimos el apareamiento de dos culebras.
Hace ya varios años que no visito el lugar. Si las condiciones de la ruta siguen siendo las mismas, recomiendo a quienes quieran ir a este ignorado yacimiento salino que además de un guía, por su puesto Carlos Lozano, por seguridad es pertinente hacerlo en temporada seca, debido a la cantidad de pequeños y medianos afluentes que bajan de las lomas buscando la quebrada Salinas.
(*) Comunicador Social comunitario, Coordinador Cultural Unillanos
Sal de la Campana
Sal de La Campana
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Y sucedió lo que hace tiempo quería suceder. Por 15 años la empresa Sales del Llano, de los ex empleados del IFI, sostuvo los embates de las que en cada licitación del Ministerio de Minas buscaron para si la explotación de la veta de Upín.
En la reciente convocatoria la puja la ganó un empresario boyacense. Culmina así el esfuerzo de la firma local en la famosa mina salina del Meta, que en medio de algunas crisis le aportó a la economía llanera.
Desde tiempos prehispánicos el hombre se ha servido del mineral de Upín. Una cita bibliográfica dice que pasadas las guerras de Independencia el gobierno de entonces puso en arriendo la mina metense, la que primero se explotó a cielo abierto, luego por sistema de socavón y desde que el túnel colapsó se hace por flujo de salmuera.
Con el cambio de arrendatario de la mina, es conveniente que las autoridades ambientales hagan corregir los malos impactos que causa la producción industrial, con el humo de los hornos y las aguas residuales, esas medidas minimizarán el deterioro ecológico del municipio.
Escuché en la radio, que la opción que ahora tiene la restrepense sociedad Sales del Llano es la de explotar la reserva de La Campana distante de Upín. A comienzos de esta década conocí el lugar, que a lo mejor como mina no figura en los mapas.
En grupales caminatas eco turísticas he ido 3 veces. Al sitio llegamos en ascenso, casi todo por el curso de afluentes de la margen derecha de la quebrada Salinas.
Luego de un buen tiempo arribamos al sector de la loma en donde nacen dos pequeños manantiales salinos.
En artesanales factorías la poca salmuera que mana es cocinada con leña cortada en el sector. Al producto obtenido lo empacan en bultos y recuas de mulas lo bajan al pueblo.
Aquellos eco paseos nos permitieron ver en los barrancos cercanos a los nacederos, fragmentos cerámicos señales quizá de precolombinas extracciones del mineral.
(*) Comunicador Social comunitario
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Y sucedió lo que hace tiempo quería suceder. Por 15 años la empresa Sales del Llano, de los ex empleados del IFI, sostuvo los embates de las que en cada licitación del Ministerio de Minas buscaron para si la explotación de la veta de Upín.
En la reciente convocatoria la puja la ganó un empresario boyacense. Culmina así el esfuerzo de la firma local en la famosa mina salina del Meta, que en medio de algunas crisis le aportó a la economía llanera.
Desde tiempos prehispánicos el hombre se ha servido del mineral de Upín. Una cita bibliográfica dice que pasadas las guerras de Independencia el gobierno de entonces puso en arriendo la mina metense, la que primero se explotó a cielo abierto, luego por sistema de socavón y desde que el túnel colapsó se hace por flujo de salmuera.
Con el cambio de arrendatario de la mina, es conveniente que las autoridades ambientales hagan corregir los malos impactos que causa la producción industrial, con el humo de los hornos y las aguas residuales, esas medidas minimizarán el deterioro ecológico del municipio.
Escuché en la radio, que la opción que ahora tiene la restrepense sociedad Sales del Llano es la de explotar la reserva de La Campana distante de Upín. A comienzos de esta década conocí el lugar, que a lo mejor como mina no figura en los mapas.
En grupales caminatas eco turísticas he ido 3 veces. Al sitio llegamos en ascenso, casi todo por el curso de afluentes de la margen derecha de la quebrada Salinas.
Luego de un buen tiempo arribamos al sector de la loma en donde nacen dos pequeños manantiales salinos.
En artesanales factorías la poca salmuera que mana es cocinada con leña cortada en el sector. Al producto obtenido lo empacan en bultos y recuas de mulas lo bajan al pueblo.
Aquellos eco paseos nos permitieron ver en los barrancos cercanos a los nacederos, fragmentos cerámicos señales quizá de precolombinas extracciones del mineral.
(*) Comunicador Social comunitario
Nuestra binacional historia llanera
Nuestra binacional historia llanera
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Entre el jueves 10 y el domingo 13 de julio pasado en la venezolana ciudad colonial de Barinas, capital del Estado del mismo nombre, se cumplió la X edición del Simposio de Historia de los Llanos colombo venezolanos.
La génesis de este certamen académico binacional se dio en Villavicencio en los finales del año 1988, concretamente en el Hotel del Llano, teniendo como entidad organizadora a la Universidad de los Llanos, Unillanos, con una importante asistencia de personas interesadas en los asuntos de la llanura.
Cabe destacarse el valioso aporte académico de la profesora norteamericana Jane M. Raush, reconocida investigadora de los llanos colombianos, quien coadyuvó para el nacimiento del simposio.
Por metodología las ponencias presentadas se agruparon en los siguientes grupos temáticos: Arqueología y etnohistoria, Forjadores de los Llanos: vida y obra, Las economías extractivas de los Llanos y el manejo de los recursos, Los Llanos en el proceso de la independencia: conflictos y colonización, Conflictos y colonización: siglos XIX y XX, Metodología de la investigación histórica y Los estudios regionales.
A partir de aquella primera versión que tuvo por máxima “Los Llanos: una historia sin fronteras”, con diversos organizadores y patrocinadores el simposio cada dos años ha tenido como sedes las ciudades de Yopal, Tame, Arauca, San Martín, dos veces más Villavicencio, San Carlos de Cojedes, San Fernando de Apure y Barinas, las tres últimas de Venezuela.
La reciente edición del simposio convocó en Barinas, la ciudad marquesa, a un grueso número de investigadores de Arauca, Casanare y Meta, así como de diferentes puntos de Venezuela con trabajos enmarcados en los siguientes ejes temáticos: Historia llanera en la región y la localidad, Patrimonio cultural llanero, Ciencia, tecnología, ecología y modernización en el llano, Creación literaria y audiovisual en la cultura llanera y La educación como forma de diálogo cultural en la sociedad llanera.
El lema del certamen fue “Una visión del Llano total”, con el que sus organizadores rindieron homenaje al intelectual barinés José León Tapia recientemente fallecido. Por el número de ponencias aceptadas, el encuentro de investigadores se desarrolló en sesiones alteras.
Por el departamento de Meta participaron como ponentes en la X edición del Simposio Hugo Abrew, Jaime Altamar R., Alfredo Ojeda A. y Oscar A. Pabón M, todos integrantes de la Academia de Historia del Meta.
Barinas, patria chica de Alberto Arvelo Torrealba compositor del clásico Florentino y el diablo, es una ciudad que guarda ciertas características parecidas a las de Villavicencio, algunas son: vecina del piedemonte de los Andes por lo que se le denomina “capital del llano”, economía fundamentada en ganadería, agricultura e hidrocarburos, acelerado crecimiento urbanístico y clima cálido.
Durante las ya diez ediciones del Simposio de historia de los llanos colombo venezolanos, muchos investigadores han escudriñado el complejo devenir de los estados de Apure, Barinas, Cojedes, Guárico y Portuguesa y los departamentos de Arauca, Casanare, Meta y Vichada.
Así mismo, ha permitido cada dos años el fraterno encuentro y diálogo de saberes entre estudiosos, en torno a aspectos comunes de la extensa y variada región orinoquense compartida por los dos países.
Para proseguir con esta dinámica binacional integracionista académica, la próxima cita acordada para abordar la historia llanera de Colombia y Venezuela será en el año 2010, en el colonial y cafetero pueblo de Támara, Casanare.
(*) Comunicador Social comunitario
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Entre el jueves 10 y el domingo 13 de julio pasado en la venezolana ciudad colonial de Barinas, capital del Estado del mismo nombre, se cumplió la X edición del Simposio de Historia de los Llanos colombo venezolanos.
La génesis de este certamen académico binacional se dio en Villavicencio en los finales del año 1988, concretamente en el Hotel del Llano, teniendo como entidad organizadora a la Universidad de los Llanos, Unillanos, con una importante asistencia de personas interesadas en los asuntos de la llanura.
Cabe destacarse el valioso aporte académico de la profesora norteamericana Jane M. Raush, reconocida investigadora de los llanos colombianos, quien coadyuvó para el nacimiento del simposio.
Por metodología las ponencias presentadas se agruparon en los siguientes grupos temáticos: Arqueología y etnohistoria, Forjadores de los Llanos: vida y obra, Las economías extractivas de los Llanos y el manejo de los recursos, Los Llanos en el proceso de la independencia: conflictos y colonización, Conflictos y colonización: siglos XIX y XX, Metodología de la investigación histórica y Los estudios regionales.
A partir de aquella primera versión que tuvo por máxima “Los Llanos: una historia sin fronteras”, con diversos organizadores y patrocinadores el simposio cada dos años ha tenido como sedes las ciudades de Yopal, Tame, Arauca, San Martín, dos veces más Villavicencio, San Carlos de Cojedes, San Fernando de Apure y Barinas, las tres últimas de Venezuela.
La reciente edición del simposio convocó en Barinas, la ciudad marquesa, a un grueso número de investigadores de Arauca, Casanare y Meta, así como de diferentes puntos de Venezuela con trabajos enmarcados en los siguientes ejes temáticos: Historia llanera en la región y la localidad, Patrimonio cultural llanero, Ciencia, tecnología, ecología y modernización en el llano, Creación literaria y audiovisual en la cultura llanera y La educación como forma de diálogo cultural en la sociedad llanera.
El lema del certamen fue “Una visión del Llano total”, con el que sus organizadores rindieron homenaje al intelectual barinés José León Tapia recientemente fallecido. Por el número de ponencias aceptadas, el encuentro de investigadores se desarrolló en sesiones alteras.
Por el departamento de Meta participaron como ponentes en la X edición del Simposio Hugo Abrew, Jaime Altamar R., Alfredo Ojeda A. y Oscar A. Pabón M, todos integrantes de la Academia de Historia del Meta.
Barinas, patria chica de Alberto Arvelo Torrealba compositor del clásico Florentino y el diablo, es una ciudad que guarda ciertas características parecidas a las de Villavicencio, algunas son: vecina del piedemonte de los Andes por lo que se le denomina “capital del llano”, economía fundamentada en ganadería, agricultura e hidrocarburos, acelerado crecimiento urbanístico y clima cálido.
Durante las ya diez ediciones del Simposio de historia de los llanos colombo venezolanos, muchos investigadores han escudriñado el complejo devenir de los estados de Apure, Barinas, Cojedes, Guárico y Portuguesa y los departamentos de Arauca, Casanare, Meta y Vichada.
Así mismo, ha permitido cada dos años el fraterno encuentro y diálogo de saberes entre estudiosos, en torno a aspectos comunes de la extensa y variada región orinoquense compartida por los dos países.
Para proseguir con esta dinámica binacional integracionista académica, la próxima cita acordada para abordar la historia llanera de Colombia y Venezuela será en el año 2010, en el colonial y cafetero pueblo de Támara, Casanare.
(*) Comunicador Social comunitario
Añoranza y paisaje
Añoranza y paisaje
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
El pasado ganadero cuenta de los cientos de viajes desde posadas araucanas hasta Villavicencio, emprendidos por legiones de curtidos vaqueros encargados de arriar rebaños de hasta mil reses, tareas cumplidas cada una en aproximadamente cuarenta días.
Quedan testigos de esas épocas. Uno es Misael Cardozo, que vive en Arauca. Él recuerda a la famosa María López, la fea y única mujer que tuvo el arrojo de comandar ganaderías. Igual el anhelo de los vaqueros para llegar a “Villavo” con el fin de ir a la zona de tolerancia, a la calle de las talabarterías y al dentista para que les pusiera casquetes de oro en sus dientes.
La apertura de carreteras y la llegada del camión al llano acabaron aquellas añejas jornadas bovinas.
He cubierto esa ruta que hasta Tame, Cuna de la Libertad, bordea el piedemonte de Meta, Casanare y Arauca y que luego por la vía de Betoyes se abre sabana adentro hasta llegar a la capital araucana.
Dos asuntos llaman mi atención en este viaje en carro, los que quiero compartir.
Quizá el paisaje más bello de todo el rumbo es el que se localiza entre Hato Corozal y el puente La Cabuya sobre el río Casanare, que hace límite departamental.
Único es el sistema natural de abanicos de muchas aristas y formas con que muere la cordillera, que da relax al viajero que por hora y media debe recorrer un destapado tramo de arena blanca. Cuando esté el puente que obviará pasar por dicho sector, no se podrá disfrutar tan hermosa región.
El otro asunto que me agrada es ver la abundancia de palma real presente en las sabanas que hay entre Tame y Arauca, cultivo espontáneo de la nativa especie de tanta significación para el hombre llanero.
Hace 50 años nadie pensó que los cuarenta días de viaje a caballo entre Arauca y Villavicencio se disminuirían a 12 horas en carro, tiempo que será menor cuando inauguren el puente de San Salvador. Bueno, esas son cosas del desarrollo regional.
(*) Comunicador Social comunitario
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
El pasado ganadero cuenta de los cientos de viajes desde posadas araucanas hasta Villavicencio, emprendidos por legiones de curtidos vaqueros encargados de arriar rebaños de hasta mil reses, tareas cumplidas cada una en aproximadamente cuarenta días.
Quedan testigos de esas épocas. Uno es Misael Cardozo, que vive en Arauca. Él recuerda a la famosa María López, la fea y única mujer que tuvo el arrojo de comandar ganaderías. Igual el anhelo de los vaqueros para llegar a “Villavo” con el fin de ir a la zona de tolerancia, a la calle de las talabarterías y al dentista para que les pusiera casquetes de oro en sus dientes.
La apertura de carreteras y la llegada del camión al llano acabaron aquellas añejas jornadas bovinas.
He cubierto esa ruta que hasta Tame, Cuna de la Libertad, bordea el piedemonte de Meta, Casanare y Arauca y que luego por la vía de Betoyes se abre sabana adentro hasta llegar a la capital araucana.
Dos asuntos llaman mi atención en este viaje en carro, los que quiero compartir.
Quizá el paisaje más bello de todo el rumbo es el que se localiza entre Hato Corozal y el puente La Cabuya sobre el río Casanare, que hace límite departamental.
Único es el sistema natural de abanicos de muchas aristas y formas con que muere la cordillera, que da relax al viajero que por hora y media debe recorrer un destapado tramo de arena blanca. Cuando esté el puente que obviará pasar por dicho sector, no se podrá disfrutar tan hermosa región.
El otro asunto que me agrada es ver la abundancia de palma real presente en las sabanas que hay entre Tame y Arauca, cultivo espontáneo de la nativa especie de tanta significación para el hombre llanero.
Hace 50 años nadie pensó que los cuarenta días de viaje a caballo entre Arauca y Villavicencio se disminuirían a 12 horas en carro, tiempo que será menor cuando inauguren el puente de San Salvador. Bueno, esas son cosas del desarrollo regional.
(*) Comunicador Social comunitario
Añejas piezas
Añejas piezas
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Una reciente entrega dominical de El Espectador informa sobre la aparición de un arma de la época de la Conquista. Se trata de una espada cuya propiedad se le adjudica al Adelantado de la Nueva Granada fundador de Santafé de Bogotá, es decir don Gonzalo Jiménez de Quezada.
El asunto ha ameritado, por parte del Museo Nacional, una paciente investigación a partir de la fecha de 1545 grabada en el arma que hasta el siglo XX permaneció en España.
Lo anterior me hizo recordar un hecho que ahora quiero compartir. Ocurrió en los inicios de los noventa cuando me desempeñaba como Coordinador Cultural de la Cámara de Comercio de Villavicencio y andábamos engolosinados con los hallazgos arqueológicos Guayupes de Puerto Santander.
Un día llegó en mi búsqueda el profesor Félix Velásquez para indagarme si yo sabía quién podría comprarle una especie de moneda, cuyo accidental encuentro así me lo narró: a comienzos de 1979 hizo parte del grupo de maestros del Colegio de Vistahermosa que organizaron un paseo al caño Acacías, en el cruce de la vía a Puerto Lucas.
Recostado en la playa vio un oxidado alambre que salía de entre la arena y con curiosidad lo haló hasta extraerlo. Sorpresa tuvo al ver que en la otra punta del hilo metálico estaba amarrado algo parecido a una medalla.
Al lavarla descubrió que tenía grabado un escudo de armas coronado con el año 1559. Tal cual ese día yo lo aprecié en la rara moneda, teniendo la precaución de hacerle en calco con lápiz rojo y apuntar los detalles aquí contados.
No supe darle razón al profesor Félix sobre algún comprador del extraño objeto y su rastro lo perdí a pesar de haber tomado su dirección: barrio La Esperanza 3ª etapa, manzana 13 casa 22.
Mi hipótesis es que dicho escudo acuñado hace ya 449 años, fue de algún conquistador europeo de los que pasaron por la región en busca del Dorado, siendo para mi hasta hoy la única evidencia de ese periodo histórico.
(*) Comunicador Social comunitario
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy (*)
Una reciente entrega dominical de El Espectador informa sobre la aparición de un arma de la época de la Conquista. Se trata de una espada cuya propiedad se le adjudica al Adelantado de la Nueva Granada fundador de Santafé de Bogotá, es decir don Gonzalo Jiménez de Quezada.
El asunto ha ameritado, por parte del Museo Nacional, una paciente investigación a partir de la fecha de 1545 grabada en el arma que hasta el siglo XX permaneció en España.
Lo anterior me hizo recordar un hecho que ahora quiero compartir. Ocurrió en los inicios de los noventa cuando me desempeñaba como Coordinador Cultural de la Cámara de Comercio de Villavicencio y andábamos engolosinados con los hallazgos arqueológicos Guayupes de Puerto Santander.
Un día llegó en mi búsqueda el profesor Félix Velásquez para indagarme si yo sabía quién podría comprarle una especie de moneda, cuyo accidental encuentro así me lo narró: a comienzos de 1979 hizo parte del grupo de maestros del Colegio de Vistahermosa que organizaron un paseo al caño Acacías, en el cruce de la vía a Puerto Lucas.
Recostado en la playa vio un oxidado alambre que salía de entre la arena y con curiosidad lo haló hasta extraerlo. Sorpresa tuvo al ver que en la otra punta del hilo metálico estaba amarrado algo parecido a una medalla.
Al lavarla descubrió que tenía grabado un escudo de armas coronado con el año 1559. Tal cual ese día yo lo aprecié en la rara moneda, teniendo la precaución de hacerle en calco con lápiz rojo y apuntar los detalles aquí contados.
No supe darle razón al profesor Félix sobre algún comprador del extraño objeto y su rastro lo perdí a pesar de haber tomado su dirección: barrio La Esperanza 3ª etapa, manzana 13 casa 22.
Mi hipótesis es que dicho escudo acuñado hace ya 449 años, fue de algún conquistador europeo de los que pasaron por la región en busca del Dorado, siendo para mi hasta hoy la única evidencia de ese periodo histórico.
(*) Comunicador Social comunitario
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