Luzmila la bióloga
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy/Comunicador Social comunitario
Recién desempacada de la Universidad Nacional y estrenando su cartón de grado que la acreditaba como Bióloga, llegó a la Unillanos cuándo dicha institución era aun naciente dentro del colegio INEM Luis López de Mesa de Villavicencio.
Desde entonces y hasta los tiempos presentes a ella le ha correspondido ser Maestra de la gran mayoría de cohortes de Ingenieros Agrónomos que en sus 36 años de vida académica la Universidad de los Llanos ha entregado a la sociedad. También lo ha sido de otros programas académicos de esa Alma Mater.
Natal del Tolima pero por más de siete lustros arraigada al Meta, en silencio ha logrado ser una destacada profesional en el campo de la biología vegetal. Su trabajo científico trasciende el Océano Atlántico, puesto que en España participó en un proyecto relacionado con la Expedición Botánica de José Celestino Mutis.
No obstante lo anterior, y de manera paradójica ella es más conocida en los círculos nacionales que en su misma Unillanos del alma, institución en la que en 1987 fundó el Herbario con la financiación del Instituto Colombiano para la Educación Superior, ICFES. Tres años después obtuvo el reconocimiento institucional mediante el acuerdo 106 de 1990 expedido por el Consejo Superior de la universidad.
Dicho centro científico en 1997 recibió del Missouri Botánica Garden otro aporte financiero para adecuar sus instalaciones y adquirir bibliografía. Cuando en el año 2000 cumplió la ley y la normatividad del Ministerio de Medio Ambiente, la colección del herbario con el acrónimo “Llanos” fue registrada ante el Instituto Alexander Von Humboldt.
En la sede Barcelona de la Universidad de los Llanos existe ese banco que guarda algo más de 10.000 muestras de especies vegetales, todas propias de la región orinoquense. En alto porcentaje los ejemplares coleccionados están identificados por familia, género y especie.
Desde su nacimiento el herbario ha estado bajo la dirección de Luzmila Quiñones Méndez, personaje a quien desde este espacio de Tierra Mágica estoy rindiendo homenaje de gratitud por la entrega que como Bióloga le ha prodigado al estudio de la flora orinoquense.
A ella en el Congreso Nacional de Botánica celebrado recientemente en la Univalle, le fue conferida una distinción por sus aportes a esa ciencia, cuya carta de presentación es el Herbario antes citado.
Días después me contó cómo al tiempo que en Cali recibía ese reconocimiento de parte de sus colegas nacionales, en su institución por escrito le avisaban lacónicamente que era tiempo de pensionarse.
Me complace ser amigo de Luzmila desde sus primeros meses de vinculada a la Unillanos. Cuando la entidad cumplió 34 años de vida académica desde mi cargo de Coordinador Cultural organizamos un tributo al Herbario Llanos, centro especializado del que la población unillanista poco sabe que existe.
Luzmila Quiñones Méndez sí que se merece Centauros de Oro, Lanzas Llaneras y todas las otras condecoraciones que nuestros gobiernos entregan en medio de pompas a personajes con menores desempeños en bien del departamento que los que ella acredita.
Por supuesto que eso no trasnocha a esta disciplinada y sencilla científica, cuya obra sobre botánica regional nos da lustre a los llaneros.
De nuevo: ¡gracias Luzmila!
viernes, 28 de octubre de 2011
Apogeo y decadencia de una ruta
Apogeo y decadencia de una ruta*
Por: Óscar Alfonso Pabón Monroy /Comunicador Social comunitario, investigador de la historia y la cultura llanera
Cuando el gobierno del presidente Virgilio Barco inició su gobierno, el Comité de Evaluación y Análisis del Departamento Administrativo de Intendencias y Comisarías, Dainco, a cuyo cargo estuvo tanto el estudio de las problemáticas de dichos territorios, así como conceptuar fórmulas para la incorporación a la economía del resto del país, en su informe incluyó la recomendación de “volver a navegar los ríos limítrofes sobre los cuales para que en ocasiones algunos de nuestros vecinos desconocen nuestros derechos y hay que volver a navegar los ríos que nos son comunes en la forma estipulada en tratados internacionales existentes”.
Con base en ese documento, a continuación se esbozan momentos históricos de la navegación llanera a través de los ríos Meta y Orinoco (con sus afluentes), importante vía natural para salir al Océano Atlántico.
Antes que europeo alguno tocara aguas y tierras de la región, sus comunidades indígenas en curiaras navegaron la copiosa red hídrica, estableciendo entre sí comercio a partir del trueque.
La frenética búsqueda del Dorado hizo que el río Orinoco fuera navegado en 1531, entre el golfo de Paria hasta las cercanías del actual Puerto Ayacucho en Venezuela, por las huestes de Diego de Ordaz. Luego Alonso de Herrera, uno de los integrantes de la primera expedición, lo remontó y en 1535 ingresó durante un mes por las corrientes del Meta del que se decía tenía mucho oro en sus cabeceras.
Producto de un enfrentamiento de los europeos con hostilizados aborígenes del territorio, Herrera resultó herido de muerte con una flecha envenenada con curare. Las tierras costeras del Meta fueron tumba de su “descubridor”.
Décadas después, Alonso de Berrío (pariente político de Gonzalo Jiménez de Quezada) resultó ser el primer blanco en descender al río Meta por su afluente el Casanare. En viaje posterior recorrió la ruta fluvial Casanare-Meta-Orinoco-Océano Atlántico llegando a la isla de Trinidad.
Los misioneros evangelizadores que a la región ingresaron hacia 1630, se sirvieron de de las redes hidrográficas de la dilatada región llanera para llegar a los núcleos indígenas y cumplir su tarea catequizadora.
Con el correr de los coloniales años se desarrolla el tránsito acuático en toda la Orinoquia, permitiendo intercambios comerciales en escala menor, debido a la poca capacidad brindada por bongos, bergantines y curiaras.
El apogeo:
El flujo comercial se oficializó hacia 1771, año en que mediante una Cédula Real se autorizó intensificar el comercio por los ríos Apure, Arauca y Meta y en 1778 la Corte de Madrid abrió los puertos de Venezuela y España para comerciar recíprocamente, buscando frenar la competencia desleal que Holanda le hacía con sus mercancías.
Fueron los finales meses de 1818 testigos del nacimiento de la navegación a vapor por el río Orinoco, cuando un buque logra ingresar por el golfo de Paria.
El Estado en un intento por desarrollar la producción nacional, en 1821 libera los aranceles de importación para bienes y equipos, como: semillas y maquinaria agrícola, de explotación minera, de explotación textil, de explotación naviera, etc.
Luego se da el primer paso en procura de legalizar la navegación a vapor por el río Meta y sus tributarios. El 5 de agosto de 1823 el Congreso de Colombia, mediante decreto firmado por el general Santander obrando como Vicepresidente de la República y encargado del poder ejecutivo, concede a James Hamilton (súbdito inglés y servidor de la Independencia con dotaciones para la guerra traídas desde su país e ingresadas a la Nueva Granda por el Orinoco), el privilegio para explotar dicho afluente desde Santo Tomás de Angostura. Por incumplimiento del europeo el contrato se canceló.
De nuevo el poder ejecutivo colombiano en 1856 reglamentó el flujo comercial con la Nueva Granda, creando un resguardo en el puerto de El Amparo sobre el río Arauca. Por este mismo año los capitanes Martín Höler y Edwards G. Steed recorrieron en el vapor Meta el río del mismo nombre, llegando 33 millas arriba de Orocué, es decir hasta las bocas de Cravo Sur, en donde naufragaron.
Un año después el capitán Treviranus en el vapor Barinas repitió esa correría, llegando a Cabuyaro, puerto distante 84 millas de Orocué. Dejó allí su nave y fue a Bogotá a solicitarle al Congreso el privilegio para navegar aquel río con vapores, petición que por Ley le fue concedida pero que fue objetada por el presidente Mariano Ospina R.
En 1861 el gobernante nacional Tomás Cipriano de Mosquera decretó la libre navegación a vapor por el Meta y sus afluentes, para barcos nacionales y extranjeros. Tras ésto surgen propuestas para la explotación de dichas rutas, como las de Juan Díaz E. y Sergio Convers y Cía.
Al cabo de unos años mediante licitación internacional al francés José Bonnet le fue adjudicada la explotación comercial, por 20 años, de la vía río Meta hasta el Orinoco. El 10 de octubre de 1893 el barco El Libertador con mercancías libres de impuestos, partió de Ciudad Bolívar (Venezuela).
El viaje se cumplió en 7 días y 4 horas hasta Orocué, subiendo hasta Puerto Barrigón sobre el Humea, punto distante 70 kilómetros de Cabuyaro. Regresó con pasajeros, café. Cacao, pieles y caucho, recorrido que duró 5 días entre Orocué y Ciudad Bolívar.
En los finales del siglo XIX y hasta las primeras décadas del nuevo, el puerto casanareño de Orocué alcanzó significativo florecimiento comercial y social. Su estratégica ubicación lo hizo atractivo para ciudadanos de Venezuela y Alemania, al punto que allí hubo una delegación diplomática del país europeo.
Los alemanes cumplieron ejercicios comerciales desde puertos de su país con destino en el de Orocué y viceversa, intercambios en los que se manejaron la moneda de allá y las morrocotas de oro nuestras. A su vez, la cotidiana vida social colombiana del poblado recibió la influencia de rasgos culturales alemanes y venezolanos.
Por efectos de la referida actividad comercial de aquellos dorados días, ganaron importancia los metenses puertos de Cabuyaro y Puerto Barrigón, puntos de acopio para la distribución de mercancías importadas y de la producción agropecuaria nuestra. Así, por vías terrestres los bienes extranjeros desde Cabuyaro se enviaban para Cundinamarca por la región de Medina y desde Puerto Barrigón para Villavicencio, pueblo en el cual funcionó una tienda importadora exportadora de la firma Bonnet.
En los itinerarios de la Comisión Corográfica realizada por Agustín Codazzi a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX, está el del recorrido fluvial entre Cabuyaro hasta el Orinoco, tramo de 152 leguas equivalentes a 760 kilómetros que se cubría entre 15 y 24 días en verano, y entre 12 y 18 días en invierno.
En la época de sequía al Meta lo navegaban barcos a vapor con calado de 11/2 metros, y
en tiempo de lluvias naves de porte mayor, con un peso promedio de 200 toneladas.
Ejemplo del éxito alcanzado por la navegación de esta ruta es el encuentro, en 1894, de los vapores Guanare, venezolano y Libertador, colombiano, motivo que despertó regocijo en el punto de San Rafael, sede de una oficina de la Aduana nacional.
Con interregnos en las primeras décadas del siglo XX la navegación comercial se cumplió, produciendo mejoramiento a la sociedad llanera.
Momentos para destacar fueron: el establecimiento, hacia 1957, de una Base de la Marina (Navenal) en Orocué; la reactivación del comercio a la altura de Puerto López, por causa del desastre invernal a la red de carreteras en 1986. Del mismo modo, la llegada a Puerto López a través de las aguas del Atlántico y ríos Orinoco y Meta de las partes para la termoeléctrica de Ocoa, pesada carga embarcada en USA.
La decadencia:
El declive de este emporio comercial tuvo motivos de diversa índole, algunos de los cuales se citan a continuación.
En tiempos del virreinato se empezaron a gestar inquinas de comerciantes ribereños del Magdalena contra sus colegas de la ruta Meta-Orinoco, diciendo que su comercio era ilícito. El poder político de esa región jalonó caminos y líneas ferroviarias que conectaron a sus puertos, produciendo acelerado desarrollo económico. Ésta atención jamás la tuvo la región llanera.
Asuntos de orden político internacional con Venezuela, acaecidos en la guerra de los Mil Días (1899-1902), hicieron que ese país prohibiera la libre navegación por el Orinoco.
El naufragio de algunos importantes vapores
La sedimentación acelerada del cauce, por culpa de la deforestación de las cuencas de los afluentes
Bibliografía consultada:
El Orinoco río de Libertad: Gómez P. Rafael, Banco de la República, Bogotá, 1978
Una excursión al Territorio de San Martín: Restrepo E. Emiliano, editorial ABC, Bogotá, 1957
Lo que nos contó el abuelito: Imprenta San José, Villavicencio, 1942
Gaceta de Colombia, 4 tomos, Banco de la Repúlica, Bogotá, 1963
El Dorado: Rothlisberger Ernest, Banco de la República, 1963
El liquilique: Ruiz Ch. Jairo: revista Trocha No. 105, Villavicencio, 1984
El Espectador, Bogotá, julio 20 de 1986
Colombia 1822: Archivo de Economía Nacional, 2 tomos, Banco de la República, Bogotá, 1974
Nueva Geografía de Colombia: Vergara y Velasco 1901, 3 tomos, Banco de la República, Bogotá, 1974
Arreglo de límites entre la República de Colombia y la República de los Estados Unidos de Venezuela: Ministerio de Relaciones Exteriores, Bogotá, 1979
Geografía Física y Política de la Confederación Granadina: volumen III, tomo I, obra dirigida por el General Agustín Codazzi. Editora Géminis, Bogotá 2000
(*) Texto recobrado, editado y actualizado
Por: Óscar Alfonso Pabón Monroy /Comunicador Social comunitario, investigador de la historia y la cultura llanera
Cuando el gobierno del presidente Virgilio Barco inició su gobierno, el Comité de Evaluación y Análisis del Departamento Administrativo de Intendencias y Comisarías, Dainco, a cuyo cargo estuvo tanto el estudio de las problemáticas de dichos territorios, así como conceptuar fórmulas para la incorporación a la economía del resto del país, en su informe incluyó la recomendación de “volver a navegar los ríos limítrofes sobre los cuales para que en ocasiones algunos de nuestros vecinos desconocen nuestros derechos y hay que volver a navegar los ríos que nos son comunes en la forma estipulada en tratados internacionales existentes”.
Con base en ese documento, a continuación se esbozan momentos históricos de la navegación llanera a través de los ríos Meta y Orinoco (con sus afluentes), importante vía natural para salir al Océano Atlántico.
Antes que europeo alguno tocara aguas y tierras de la región, sus comunidades indígenas en curiaras navegaron la copiosa red hídrica, estableciendo entre sí comercio a partir del trueque.
La frenética búsqueda del Dorado hizo que el río Orinoco fuera navegado en 1531, entre el golfo de Paria hasta las cercanías del actual Puerto Ayacucho en Venezuela, por las huestes de Diego de Ordaz. Luego Alonso de Herrera, uno de los integrantes de la primera expedición, lo remontó y en 1535 ingresó durante un mes por las corrientes del Meta del que se decía tenía mucho oro en sus cabeceras.
Producto de un enfrentamiento de los europeos con hostilizados aborígenes del territorio, Herrera resultó herido de muerte con una flecha envenenada con curare. Las tierras costeras del Meta fueron tumba de su “descubridor”.
Décadas después, Alonso de Berrío (pariente político de Gonzalo Jiménez de Quezada) resultó ser el primer blanco en descender al río Meta por su afluente el Casanare. En viaje posterior recorrió la ruta fluvial Casanare-Meta-Orinoco-Océano Atlántico llegando a la isla de Trinidad.
Los misioneros evangelizadores que a la región ingresaron hacia 1630, se sirvieron de de las redes hidrográficas de la dilatada región llanera para llegar a los núcleos indígenas y cumplir su tarea catequizadora.
Con el correr de los coloniales años se desarrolla el tránsito acuático en toda la Orinoquia, permitiendo intercambios comerciales en escala menor, debido a la poca capacidad brindada por bongos, bergantines y curiaras.
El apogeo:
El flujo comercial se oficializó hacia 1771, año en que mediante una Cédula Real se autorizó intensificar el comercio por los ríos Apure, Arauca y Meta y en 1778 la Corte de Madrid abrió los puertos de Venezuela y España para comerciar recíprocamente, buscando frenar la competencia desleal que Holanda le hacía con sus mercancías.
Fueron los finales meses de 1818 testigos del nacimiento de la navegación a vapor por el río Orinoco, cuando un buque logra ingresar por el golfo de Paria.
El Estado en un intento por desarrollar la producción nacional, en 1821 libera los aranceles de importación para bienes y equipos, como: semillas y maquinaria agrícola, de explotación minera, de explotación textil, de explotación naviera, etc.
Luego se da el primer paso en procura de legalizar la navegación a vapor por el río Meta y sus tributarios. El 5 de agosto de 1823 el Congreso de Colombia, mediante decreto firmado por el general Santander obrando como Vicepresidente de la República y encargado del poder ejecutivo, concede a James Hamilton (súbdito inglés y servidor de la Independencia con dotaciones para la guerra traídas desde su país e ingresadas a la Nueva Granda por el Orinoco), el privilegio para explotar dicho afluente desde Santo Tomás de Angostura. Por incumplimiento del europeo el contrato se canceló.
De nuevo el poder ejecutivo colombiano en 1856 reglamentó el flujo comercial con la Nueva Granda, creando un resguardo en el puerto de El Amparo sobre el río Arauca. Por este mismo año los capitanes Martín Höler y Edwards G. Steed recorrieron en el vapor Meta el río del mismo nombre, llegando 33 millas arriba de Orocué, es decir hasta las bocas de Cravo Sur, en donde naufragaron.
Un año después el capitán Treviranus en el vapor Barinas repitió esa correría, llegando a Cabuyaro, puerto distante 84 millas de Orocué. Dejó allí su nave y fue a Bogotá a solicitarle al Congreso el privilegio para navegar aquel río con vapores, petición que por Ley le fue concedida pero que fue objetada por el presidente Mariano Ospina R.
En 1861 el gobernante nacional Tomás Cipriano de Mosquera decretó la libre navegación a vapor por el Meta y sus afluentes, para barcos nacionales y extranjeros. Tras ésto surgen propuestas para la explotación de dichas rutas, como las de Juan Díaz E. y Sergio Convers y Cía.
Al cabo de unos años mediante licitación internacional al francés José Bonnet le fue adjudicada la explotación comercial, por 20 años, de la vía río Meta hasta el Orinoco. El 10 de octubre de 1893 el barco El Libertador con mercancías libres de impuestos, partió de Ciudad Bolívar (Venezuela).
El viaje se cumplió en 7 días y 4 horas hasta Orocué, subiendo hasta Puerto Barrigón sobre el Humea, punto distante 70 kilómetros de Cabuyaro. Regresó con pasajeros, café. Cacao, pieles y caucho, recorrido que duró 5 días entre Orocué y Ciudad Bolívar.
En los finales del siglo XIX y hasta las primeras décadas del nuevo, el puerto casanareño de Orocué alcanzó significativo florecimiento comercial y social. Su estratégica ubicación lo hizo atractivo para ciudadanos de Venezuela y Alemania, al punto que allí hubo una delegación diplomática del país europeo.
Los alemanes cumplieron ejercicios comerciales desde puertos de su país con destino en el de Orocué y viceversa, intercambios en los que se manejaron la moneda de allá y las morrocotas de oro nuestras. A su vez, la cotidiana vida social colombiana del poblado recibió la influencia de rasgos culturales alemanes y venezolanos.
Por efectos de la referida actividad comercial de aquellos dorados días, ganaron importancia los metenses puertos de Cabuyaro y Puerto Barrigón, puntos de acopio para la distribución de mercancías importadas y de la producción agropecuaria nuestra. Así, por vías terrestres los bienes extranjeros desde Cabuyaro se enviaban para Cundinamarca por la región de Medina y desde Puerto Barrigón para Villavicencio, pueblo en el cual funcionó una tienda importadora exportadora de la firma Bonnet.
En los itinerarios de la Comisión Corográfica realizada por Agustín Codazzi a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX, está el del recorrido fluvial entre Cabuyaro hasta el Orinoco, tramo de 152 leguas equivalentes a 760 kilómetros que se cubría entre 15 y 24 días en verano, y entre 12 y 18 días en invierno.
En la época de sequía al Meta lo navegaban barcos a vapor con calado de 11/2 metros, y
en tiempo de lluvias naves de porte mayor, con un peso promedio de 200 toneladas.
Ejemplo del éxito alcanzado por la navegación de esta ruta es el encuentro, en 1894, de los vapores Guanare, venezolano y Libertador, colombiano, motivo que despertó regocijo en el punto de San Rafael, sede de una oficina de la Aduana nacional.
Con interregnos en las primeras décadas del siglo XX la navegación comercial se cumplió, produciendo mejoramiento a la sociedad llanera.
Momentos para destacar fueron: el establecimiento, hacia 1957, de una Base de la Marina (Navenal) en Orocué; la reactivación del comercio a la altura de Puerto López, por causa del desastre invernal a la red de carreteras en 1986. Del mismo modo, la llegada a Puerto López a través de las aguas del Atlántico y ríos Orinoco y Meta de las partes para la termoeléctrica de Ocoa, pesada carga embarcada en USA.
La decadencia:
El declive de este emporio comercial tuvo motivos de diversa índole, algunos de los cuales se citan a continuación.
En tiempos del virreinato se empezaron a gestar inquinas de comerciantes ribereños del Magdalena contra sus colegas de la ruta Meta-Orinoco, diciendo que su comercio era ilícito. El poder político de esa región jalonó caminos y líneas ferroviarias que conectaron a sus puertos, produciendo acelerado desarrollo económico. Ésta atención jamás la tuvo la región llanera.
Asuntos de orden político internacional con Venezuela, acaecidos en la guerra de los Mil Días (1899-1902), hicieron que ese país prohibiera la libre navegación por el Orinoco.
El naufragio de algunos importantes vapores
La sedimentación acelerada del cauce, por culpa de la deforestación de las cuencas de los afluentes
Bibliografía consultada:
El Orinoco río de Libertad: Gómez P. Rafael, Banco de la República, Bogotá, 1978
Una excursión al Territorio de San Martín: Restrepo E. Emiliano, editorial ABC, Bogotá, 1957
Lo que nos contó el abuelito: Imprenta San José, Villavicencio, 1942
Gaceta de Colombia, 4 tomos, Banco de la Repúlica, Bogotá, 1963
El Dorado: Rothlisberger Ernest, Banco de la República, 1963
El liquilique: Ruiz Ch. Jairo: revista Trocha No. 105, Villavicencio, 1984
El Espectador, Bogotá, julio 20 de 1986
Colombia 1822: Archivo de Economía Nacional, 2 tomos, Banco de la República, Bogotá, 1974
Nueva Geografía de Colombia: Vergara y Velasco 1901, 3 tomos, Banco de la República, Bogotá, 1974
Arreglo de límites entre la República de Colombia y la República de los Estados Unidos de Venezuela: Ministerio de Relaciones Exteriores, Bogotá, 1979
Geografía Física y Política de la Confederación Granadina: volumen III, tomo I, obra dirigida por el General Agustín Codazzi. Editora Géminis, Bogotá 2000
(*) Texto recobrado, editado y actualizado
miércoles, 31 de agosto de 2011
Ecos del "2do. Encuentro con la historia de los Llanos"
Ecos del “II Encuentro con la historia de los Llanos”
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy/ Comunicador Social comunitario, investigador de la Historia y la Cultura regional
Resulta paradójico que la Unillanos sin tener programa académico de Historia haya sido matriz para el nacimiento de dos eventos académicos de esta ciencia. El primero fue el Simposio de Historia de los Llanos Colombo Venezolanos, de carácter internacional cuya primera edición se cumplió con inusitado éxito en Villavicencio en el año 1988.
Desde entonces, cada dos años este certamen se ha realizado en llaneras ciudades de Colombia y Venezuela, el más reciente fue en Támara, Casanare y el del 2012 será en San Juan de los Morros capital del estado Guárico, Venezuela.
De más reciente data es el Encuentro con la Historia de los Llanos, cuya segunda edición ocurrió en el mes de agosto último, orientado desde su aparición por la Oficina de Internacionalización y el grupo Investigativo TRADO del programa de Economía.
Coincidencia grande es que estos certámenes de historia unillanistas han tenido la vinculación de la notable historiadora norteamericana Jane Rausch.
La segunda versión del Encuentro con la Historia de los Llanos, ocurrida en el auditorio Jaime Garzón de la sede San Antonio los días martes 23 y miércoles 24 de agosto de 2011, me permitió observar una particular sinergia entre los participantes, léase ponentes y el público.
Ese encuentro de gustos y pensamientos críticos sobre nuestra historia regional coadyuvaron al éxito del certamen, que tuvo la alianza de la ESAP con su grupo de investigación Estado y Poder.
Otro aspecto que quiero resaltar es que el certamen también fue lugar de encuentro de investigadores históricos de significativa trayectoria con noveles figuras de ese ejercicio académico, en su mayoría oriundas del territorio, quienes presentaron trabajos sobre nuestro pasado en los cuales con rigor académico expresan contenidos y análisis profundos.
Indudablemente este efecto, o valor agregado, evidencia para bien el relevo generacional con la mira puesta en la historia orinoquense, ciencia social a la que en nuestra región se le brinda poca relevancia en lo pertinente al apoyo investigativo, por parte de las instituciones oficiales y privadas.
De especial significación dentro del II Encuentro con la Historia de los Llanos fue la presentación del libro “De pueblo de frontera a ciudad capital: la historia de Villavicencio, Colombia, desde 1842”, en su traducción al idioma español, cuya autora es Jane Rausch.
Este producto bibliográfico fue posible gracias a la alianza Unillanos-Banco de la República, sede Villavicencio. Su edición en inglés ocurrió en el año 2007 en Estados Unidos.
Una de las inquietudes surgidas entre el público asistente a esta segunda versión del Encuentro es la de Omar Eduardo Gómez Reina, villavicense Maestro en Artes Plásticas, quien plantea la urgente necesidad de fundar en la capital del Meta bien un Centro Interdisciplinario de Estudios Sociales o un Observatorio de Estudios Sociales y Culturales de la región.
Hay que decir que el certamen de excelente factura académica sobre la historia del territorio, merece mayor articulación con las diferentes dependencias de la Unillanos relacionadas con su temática, pues como sabemos este centro de educación superior tiene como radio de acción la Orinoquia colombiana.
Se anuncia que la tercera versión del evento tendrá modificaciones en su metodología y contará con la participación de invitados internacionales.
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy/ Comunicador Social comunitario, investigador de la Historia y la Cultura regional
Resulta paradójico que la Unillanos sin tener programa académico de Historia haya sido matriz para el nacimiento de dos eventos académicos de esta ciencia. El primero fue el Simposio de Historia de los Llanos Colombo Venezolanos, de carácter internacional cuya primera edición se cumplió con inusitado éxito en Villavicencio en el año 1988.
Desde entonces, cada dos años este certamen se ha realizado en llaneras ciudades de Colombia y Venezuela, el más reciente fue en Támara, Casanare y el del 2012 será en San Juan de los Morros capital del estado Guárico, Venezuela.
De más reciente data es el Encuentro con la Historia de los Llanos, cuya segunda edición ocurrió en el mes de agosto último, orientado desde su aparición por la Oficina de Internacionalización y el grupo Investigativo TRADO del programa de Economía.
Coincidencia grande es que estos certámenes de historia unillanistas han tenido la vinculación de la notable historiadora norteamericana Jane Rausch.
La segunda versión del Encuentro con la Historia de los Llanos, ocurrida en el auditorio Jaime Garzón de la sede San Antonio los días martes 23 y miércoles 24 de agosto de 2011, me permitió observar una particular sinergia entre los participantes, léase ponentes y el público.
Ese encuentro de gustos y pensamientos críticos sobre nuestra historia regional coadyuvaron al éxito del certamen, que tuvo la alianza de la ESAP con su grupo de investigación Estado y Poder.
Otro aspecto que quiero resaltar es que el certamen también fue lugar de encuentro de investigadores históricos de significativa trayectoria con noveles figuras de ese ejercicio académico, en su mayoría oriundas del territorio, quienes presentaron trabajos sobre nuestro pasado en los cuales con rigor académico expresan contenidos y análisis profundos.
Indudablemente este efecto, o valor agregado, evidencia para bien el relevo generacional con la mira puesta en la historia orinoquense, ciencia social a la que en nuestra región se le brinda poca relevancia en lo pertinente al apoyo investigativo, por parte de las instituciones oficiales y privadas.
De especial significación dentro del II Encuentro con la Historia de los Llanos fue la presentación del libro “De pueblo de frontera a ciudad capital: la historia de Villavicencio, Colombia, desde 1842”, en su traducción al idioma español, cuya autora es Jane Rausch.
Este producto bibliográfico fue posible gracias a la alianza Unillanos-Banco de la República, sede Villavicencio. Su edición en inglés ocurrió en el año 2007 en Estados Unidos.
Una de las inquietudes surgidas entre el público asistente a esta segunda versión del Encuentro es la de Omar Eduardo Gómez Reina, villavicense Maestro en Artes Plásticas, quien plantea la urgente necesidad de fundar en la capital del Meta bien un Centro Interdisciplinario de Estudios Sociales o un Observatorio de Estudios Sociales y Culturales de la región.
Hay que decir que el certamen de excelente factura académica sobre la historia del territorio, merece mayor articulación con las diferentes dependencias de la Unillanos relacionadas con su temática, pues como sabemos este centro de educación superior tiene como radio de acción la Orinoquia colombiana.
Se anuncia que la tercera versión del evento tendrá modificaciones en su metodología y contará con la participación de invitados internacionales.
Cuatro décadas de momentos culturales
Cuatro décadas de momentos culturales
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy /Comunicador Social comunitario/ Ex Director de la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán
Con el nacimiento, en la década del setenta, de la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán de Villavicencio, soportada por dos fuertes columnas: la Biblioteca Pública y la Escuela de Artes la capital metense entró a disfrutar de una entidad dedicada a generar procesos culturales en una ciudad que comenzaba a romper su angosto perímetro urbano.
Antes se había fundado la Academia Folclórica departamental, especializada en las disciplinas de música y baile llanero.
La institución que en agosto de 2011 llega a su XXXX aniversario de vida, ha coadyuvado tanto al nacimiento como al apoyo de otras de finalidades comunes, no solo de Villavicencio sino del departamento.
A través de los años de servicio ha sido modelo para los demás municipios metenses, de manera principal con su biblioteca que es piloto, la que además, ostenta el título de Biblioteca Patrimonial del Meta.
A partir de su creación con la Escuela de Música fue pionera a nivel regional en la enseñanza no formal de canto lírico, con planes de estudio elaborados por reconocidos pedagogos. Para dictar las clases fueron llamados Maestros de renombre nacional. Fruto de ese proceso formativo fue el coro de la entidad.
Mientras la Orinoquia crecía en población y los sentimientos por las raíces llaneras se sembraban a partir de festivales y academias, la Casa de la Cultura villavicense con los servicios acercaba a sus usuarios al contexto universal, como hoy lo sigue haciendo.
Hay que decir que en los cuarenta años de vida que cumple la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán, nombre que ya perdió, la Orinoquia colombiana con políticas de gobierno y más por dinámicas de la sociedad civil ha despegado en los aspectos artísticos y culturales, aunque la preponderancia la sigue teniendo el folclor llanero.
Quizá el Meta es el territorio de la región que en dicho período mayores avances ha logrado en campos como las artes plásticas, audiovisuales y escénicas, así como en bibliotecas públicas; de igual manera, sus ancestrales comunidades indígenas han sido visibilizadas y el pasado precolombino afloró con los hallazgos Guayupes en Puerto Santander, pueblo sede del único museo arqueológico de estos lares.
En la parte periodística nacieron y murieron publicaciones impresas como las revistas Oriente y Trocha, así como la desaparición de Eco de Oriente el más antiguo de los periódicos locales que tuvo tres vidas. También nació Llano 7 días, que justo en este año por asuntos no periodísticos dejó de tener el sabor regional. Del mismo modo, los villavicenses comenzamos a disfrutar de la televisión y de la radio en frecuencia modulada (FM).
Dentro de las grandes instituciones que le sucedieron a nuestra Casa de la Cultura, por su positivo impacto en la construcción del pensamiento regional destaco a la Unillanos, primera Alma Mater de la media Colombia que acaba de cumplir su 36 aniversario. También el surgimiento de la dependencia departamental regente de la Cultura, antes solo existía la de Turismo.
Nuestra cuarentona entidad cultural ha sido matriz de proyectos artísticos, indudablemente el más significativo es la Corporación Batuta Meta, de la que fue progenitora en los años finales del anterior siglo. Como antecedente de la hoy afamada orquesta infantil y juvenil, recuerdo el esfuerzo que hizo la directora Rosita Hoyos de Mejía, Q.E.P.D., para organizar la agrupación infantil con los instrumentos Orf donados por una entidad gubernamental.
Pero hay que decir que en la lucha por su supervivencia financiera también es ejemplo, puesto que desde su creación y a pesar del demostrable alto impacto de beneficio a varias generaciones de villavicenses, las crisis presupuestales nunca la abandonaron.
Así, en el olvido no puede quedar la anécdota de su fundadora Maruja Hernández de Gil, Q.E.P.D, más conocida como Mayuya, quien de manera altruista cuando ofició como directora optó por no cobrar su salario mensual.
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy /Comunicador Social comunitario/ Ex Director de la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán
Con el nacimiento, en la década del setenta, de la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán de Villavicencio, soportada por dos fuertes columnas: la Biblioteca Pública y la Escuela de Artes la capital metense entró a disfrutar de una entidad dedicada a generar procesos culturales en una ciudad que comenzaba a romper su angosto perímetro urbano.
Antes se había fundado la Academia Folclórica departamental, especializada en las disciplinas de música y baile llanero.
La institución que en agosto de 2011 llega a su XXXX aniversario de vida, ha coadyuvado tanto al nacimiento como al apoyo de otras de finalidades comunes, no solo de Villavicencio sino del departamento.
A través de los años de servicio ha sido modelo para los demás municipios metenses, de manera principal con su biblioteca que es piloto, la que además, ostenta el título de Biblioteca Patrimonial del Meta.
A partir de su creación con la Escuela de Música fue pionera a nivel regional en la enseñanza no formal de canto lírico, con planes de estudio elaborados por reconocidos pedagogos. Para dictar las clases fueron llamados Maestros de renombre nacional. Fruto de ese proceso formativo fue el coro de la entidad.
Mientras la Orinoquia crecía en población y los sentimientos por las raíces llaneras se sembraban a partir de festivales y academias, la Casa de la Cultura villavicense con los servicios acercaba a sus usuarios al contexto universal, como hoy lo sigue haciendo.
Hay que decir que en los cuarenta años de vida que cumple la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán, nombre que ya perdió, la Orinoquia colombiana con políticas de gobierno y más por dinámicas de la sociedad civil ha despegado en los aspectos artísticos y culturales, aunque la preponderancia la sigue teniendo el folclor llanero.
Quizá el Meta es el territorio de la región que en dicho período mayores avances ha logrado en campos como las artes plásticas, audiovisuales y escénicas, así como en bibliotecas públicas; de igual manera, sus ancestrales comunidades indígenas han sido visibilizadas y el pasado precolombino afloró con los hallazgos Guayupes en Puerto Santander, pueblo sede del único museo arqueológico de estos lares.
En la parte periodística nacieron y murieron publicaciones impresas como las revistas Oriente y Trocha, así como la desaparición de Eco de Oriente el más antiguo de los periódicos locales que tuvo tres vidas. También nació Llano 7 días, que justo en este año por asuntos no periodísticos dejó de tener el sabor regional. Del mismo modo, los villavicenses comenzamos a disfrutar de la televisión y de la radio en frecuencia modulada (FM).
Dentro de las grandes instituciones que le sucedieron a nuestra Casa de la Cultura, por su positivo impacto en la construcción del pensamiento regional destaco a la Unillanos, primera Alma Mater de la media Colombia que acaba de cumplir su 36 aniversario. También el surgimiento de la dependencia departamental regente de la Cultura, antes solo existía la de Turismo.
Nuestra cuarentona entidad cultural ha sido matriz de proyectos artísticos, indudablemente el más significativo es la Corporación Batuta Meta, de la que fue progenitora en los años finales del anterior siglo. Como antecedente de la hoy afamada orquesta infantil y juvenil, recuerdo el esfuerzo que hizo la directora Rosita Hoyos de Mejía, Q.E.P.D., para organizar la agrupación infantil con los instrumentos Orf donados por una entidad gubernamental.
Pero hay que decir que en la lucha por su supervivencia financiera también es ejemplo, puesto que desde su creación y a pesar del demostrable alto impacto de beneficio a varias generaciones de villavicenses, las crisis presupuestales nunca la abandonaron.
Así, en el olvido no puede quedar la anécdota de su fundadora Maruja Hernández de Gil, Q.E.P.D, más conocida como Mayuya, quien de manera altruista cuando ofició como directora optó por no cobrar su salario mensual.
Dos lugares para visitar
Dos lugares para visitar
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy/Comunicador Social comunitario
Los metenses debemos sentirnos orgullosos y agradecidos con Dios y con la naturaleza por tanta riqueza ambiental que le prodigaron a este suelo que habitamos. En este espacio de Tierra Mágica he sido y seguiré siendo reiterativo contando sobre sitios naturales y culturales hermosos que forman la geografía departamental y regional.
Con este preámbulo me dispongo seguidamente a narrar aspectos de dos lugares poco conocidos a los que podemos ir a conocer y disfrutar, puesto que allí ocurren ejemplares misiones ecológicas, que merecen el reconocimiento de la sociedad.
Reservas Naturales Rey Zamuro y Matarredonda (Renarzam): está ubicada en la vereda La Novilla del municipio de San Martín, para ser ecuánime debo decir que a estas dos propiedades se suma la de Las Pampas y que las tres son colindantes con la famosa finca de Matupa.
La característica que al entrar en contacto con sus propietarios de inmediato llama la atención, es que desde la segunda mitad del siglo XIX pertenece a la familia Enciso, lo que quiere decir que su tenencia es de centenario tipo familiar.
De otro lado, la topografía de dichas fincas es de sabana y serranía, situación física que les da connotaciones ambientales de particular complejidad en su flora y fauna nativas, además de tener espejos de agua y ser nacimiento de muchos caños, cañadas y hasta ríos.
Salvo las labores de ganadería no extensiva, la principal actividad que los Enciso allí manejan es la de la preservación y el amigable uso toda la riqueza ambiental de la gran área de reserva, de aproximadamente 1.200 hectáreas, que comprende un espeso bosque en el que aun es posible avistar tigre, venado y otras especies animales ya difíciles de encontrar en esa región distante unos 40 kilómetros de la cabecera municipal.
Tanto en Matarredonda como en Las Pampas, sus casas de habitación están acondicionadas para atender turismo cultural (en lo pertinente a ganadería tradicional) y científico, de ahí que con alguna regularidad reciben grupos universitarios de Bogotá y ciudadanos europeos.
Mayor información y fotografías pueden ser consultadas en la página www.renarzam.com
Jardín Botánico Medicinal de Villavicencio: En el estratégico lugar de Buenavista en la capital metense hace pocos meses la alcaldía puso al servicio una finca a la entrada de la vereda Samaria, en la cual se desarrolló un proyecto de especial preponderancia etnobotánica, puesto que propende por la recuperación y promoción de la medicina tradicional, las plantas medicinales y el auto cuidado del municipio de Villavicencio.
Se trata del Jardín de plantas medicinales experiencia única en Latinoamérica, ubicado en el balcón villavicense, tarea que dirigió el médico Mario A. Caicedo C., especializado en medicina alternativa y energética.
Además de los cultivos de hierbas medicinales y la huerta casera está la zona de compostaje y de lombricultura.
Desde el patrimonio natural en su territorio está el nacimiento del caño Parrado y la laguna El Púlpito. Además es un sitio ideal para el avistamiento de aves y la contemplación del ilímite paisaje de la llanura.
El Jardín Botánico Medicinal con sus diferentes servicios atiende visitas de grupos programados. Esta labor está a cargo de guías, quienes son gestoras comunitarias de salud agrupadas en la Fundación Mastranto, entidad con la que el municipio de Villavicencio suscribió convenio para su manejo.
Como medio de difusión dispone de su cuenta en Facebook: “jardín botánico medicinal”, en la cual hay información detallada de tan importante sitio villavicense.
Dejo pues la inquietud para conocer estos dos lugares, en los cuales se puede entrar en contacto con la naturaleza pura.
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy/Comunicador Social comunitario
Los metenses debemos sentirnos orgullosos y agradecidos con Dios y con la naturaleza por tanta riqueza ambiental que le prodigaron a este suelo que habitamos. En este espacio de Tierra Mágica he sido y seguiré siendo reiterativo contando sobre sitios naturales y culturales hermosos que forman la geografía departamental y regional.
Con este preámbulo me dispongo seguidamente a narrar aspectos de dos lugares poco conocidos a los que podemos ir a conocer y disfrutar, puesto que allí ocurren ejemplares misiones ecológicas, que merecen el reconocimiento de la sociedad.
Reservas Naturales Rey Zamuro y Matarredonda (Renarzam): está ubicada en la vereda La Novilla del municipio de San Martín, para ser ecuánime debo decir que a estas dos propiedades se suma la de Las Pampas y que las tres son colindantes con la famosa finca de Matupa.
La característica que al entrar en contacto con sus propietarios de inmediato llama la atención, es que desde la segunda mitad del siglo XIX pertenece a la familia Enciso, lo que quiere decir que su tenencia es de centenario tipo familiar.
De otro lado, la topografía de dichas fincas es de sabana y serranía, situación física que les da connotaciones ambientales de particular complejidad en su flora y fauna nativas, además de tener espejos de agua y ser nacimiento de muchos caños, cañadas y hasta ríos.
Salvo las labores de ganadería no extensiva, la principal actividad que los Enciso allí manejan es la de la preservación y el amigable uso toda la riqueza ambiental de la gran área de reserva, de aproximadamente 1.200 hectáreas, que comprende un espeso bosque en el que aun es posible avistar tigre, venado y otras especies animales ya difíciles de encontrar en esa región distante unos 40 kilómetros de la cabecera municipal.
Tanto en Matarredonda como en Las Pampas, sus casas de habitación están acondicionadas para atender turismo cultural (en lo pertinente a ganadería tradicional) y científico, de ahí que con alguna regularidad reciben grupos universitarios de Bogotá y ciudadanos europeos.
Mayor información y fotografías pueden ser consultadas en la página www.renarzam.com
Jardín Botánico Medicinal de Villavicencio: En el estratégico lugar de Buenavista en la capital metense hace pocos meses la alcaldía puso al servicio una finca a la entrada de la vereda Samaria, en la cual se desarrolló un proyecto de especial preponderancia etnobotánica, puesto que propende por la recuperación y promoción de la medicina tradicional, las plantas medicinales y el auto cuidado del municipio de Villavicencio.
Se trata del Jardín de plantas medicinales experiencia única en Latinoamérica, ubicado en el balcón villavicense, tarea que dirigió el médico Mario A. Caicedo C., especializado en medicina alternativa y energética.
Además de los cultivos de hierbas medicinales y la huerta casera está la zona de compostaje y de lombricultura.
Desde el patrimonio natural en su territorio está el nacimiento del caño Parrado y la laguna El Púlpito. Además es un sitio ideal para el avistamiento de aves y la contemplación del ilímite paisaje de la llanura.
El Jardín Botánico Medicinal con sus diferentes servicios atiende visitas de grupos programados. Esta labor está a cargo de guías, quienes son gestoras comunitarias de salud agrupadas en la Fundación Mastranto, entidad con la que el municipio de Villavicencio suscribió convenio para su manejo.
Como medio de difusión dispone de su cuenta en Facebook: “jardín botánico medicinal”, en la cual hay información detallada de tan importante sitio villavicense.
Dejo pues la inquietud para conocer estos dos lugares, en los cuales se puede entrar en contacto con la naturaleza pura.
Cuatro décadas de momentos culturales
Cuatro décadas de momentos culturales
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy /Comunicador Social comunitario/ Ex Director de la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán
Con el nacimiento, en la década del setenta, de la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán de Villavicencio, soportada por dos fuertes columnas: la Biblioteca Pública y la Escuela de Artes la capital metense entró a disfrutar de una entidad dedicada a generar procesos culturales en una ciudad que comenzaba a romper su angosto perímetro urbano.
Antes se había fundado la Academia Folclórica departamental, especializada en las disciplinas de música y baile llanero.
La institución que en agosto de 2011 llega a su XXXX aniversario de vida, ha coadyuvado tanto al nacimiento como al apoyo de otras de finalidades comunes, no solo de Villavicencio sino del departamento.
A través de los años de servicio ha sido modelo para los demás municipios metenses, de manera principal con su biblioteca que es piloto, la que además, ostenta el título de Biblioteca Patrimonial del Meta.
A partir de su creación con la Escuela de Música fue pionera a nivel regional en la enseñanza no formal de canto lírico, con planes de estudio elaborados por reconocidos pedagogos. Para dictar las clases fueron llamados Maestros de renombre nacional. Fruto de ese proceso formativo fue el coro de la entidad.
Mientras la Orinoquia crecía en población y los sentimientos por las raíces llaneras se sembraban a partir de festivales y academias, la Casa de la Cultura villavicense con los servicios acercaba a sus usuarios al contexto universal, como hoy lo sigue haciendo.
Hay que decir que en los cuarenta años de vida que cumple la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán, nombre que ya perdió, la Orinoquia colombiana con políticas de gobierno y más por dinámicas de la sociedad civil ha despegado en los aspectos artísticos y culturales, aunque la preponderancia la sigue teniendo el folclor llanero.
Quizá el Meta es el territorio de la región que en dicho período mayores avances ha logrado en campos como las artes plásticas, audiovisuales y escénicas, así como en bibliotecas públicas; de igual manera, sus ancestrales comunidades indígenas han sido visibilizadas y el pasado precolombino afloró con los hallazgos Guayupes en Puerto Santander, pueblo sede del único museo arqueológico de estos lares.
En la parte periodística nacieron y murieron publicaciones impresas como las revistas Oriente y Trocha, así como la desaparición de Eco de Oriente el más antiguo de los periódicos locales que tuvo tres vidas. También nació Llano 7 días, que justo en este año por asuntos no periodísticos dejó de tener el sabor regional. Del mismo modo, los villavicenses comenzamos a disfrutar de la televisión y de la radio en frecuencia modulada (FM).
Dentro de las grandes instituciones que le sucedieron a nuestra Casa de la Cultura, por su positivo impacto en la construcción del pensamiento regional destaco a la Unillanos, primera Alma Mater de la media Colombia que acaba de cumplir su 36 aniversario. También el surgimiento de la dependencia departamental regente de la Cultura, antes solo existía la de Turismo.
Nuestra cuarentona entidad cultural ha sido matriz de proyectos artísticos, indudablemente el más significativo es la Corporación Batuta Meta, de la que fue progenitora en los años finales del anterior siglo. Como antecedente de la hoy afamada orquesta infantil y juvenil, recuerdo el esfuerzo que hizo la directora Rosita Hoyos de Mejía, Q.E.P.D., para organizar la agrupación infantil con los instrumentos Orf donados por una entidad gubernamental.
Pero hay que decir que en la lucha por su supervivencia financiera también es ejemplo, puesto que desde su creación y a pesar del demostrable alto impacto de beneficio a varias generaciones de villavicenses, las crisis presupuestales nunca la abandonaron.
Así, en el olvido no puede quedar la anécdota de su fundadora Maruja Hernández de Gil, Q.E.P.D, más conocida como Mayuya, quien de manera altruista cuando ofició como directora optó por no cobrar su salario mensual.
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy /Comunicador Social comunitario/ Ex Director de la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán
Con el nacimiento, en la década del setenta, de la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán de Villavicencio, soportada por dos fuertes columnas: la Biblioteca Pública y la Escuela de Artes la capital metense entró a disfrutar de una entidad dedicada a generar procesos culturales en una ciudad que comenzaba a romper su angosto perímetro urbano.
Antes se había fundado la Academia Folclórica departamental, especializada en las disciplinas de música y baile llanero.
La institución que en agosto de 2011 llega a su XXXX aniversario de vida, ha coadyuvado tanto al nacimiento como al apoyo de otras de finalidades comunes, no solo de Villavicencio sino del departamento.
A través de los años de servicio ha sido modelo para los demás municipios metenses, de manera principal con su biblioteca que es piloto, la que además, ostenta el título de Biblioteca Patrimonial del Meta.
A partir de su creación con la Escuela de Música fue pionera a nivel regional en la enseñanza no formal de canto lírico, con planes de estudio elaborados por reconocidos pedagogos. Para dictar las clases fueron llamados Maestros de renombre nacional. Fruto de ese proceso formativo fue el coro de la entidad.
Mientras la Orinoquia crecía en población y los sentimientos por las raíces llaneras se sembraban a partir de festivales y academias, la Casa de la Cultura villavicense con los servicios acercaba a sus usuarios al contexto universal, como hoy lo sigue haciendo.
Hay que decir que en los cuarenta años de vida que cumple la Casa de la Cultura Jorge Eliécer Gaitán, nombre que ya perdió, la Orinoquia colombiana con políticas de gobierno y más por dinámicas de la sociedad civil ha despegado en los aspectos artísticos y culturales, aunque la preponderancia la sigue teniendo el folclor llanero.
Quizá el Meta es el territorio de la región que en dicho período mayores avances ha logrado en campos como las artes plásticas, audiovisuales y escénicas, así como en bibliotecas públicas; de igual manera, sus ancestrales comunidades indígenas han sido visibilizadas y el pasado precolombino afloró con los hallazgos Guayupes en Puerto Santander, pueblo sede del único museo arqueológico de estos lares.
En la parte periodística nacieron y murieron publicaciones impresas como las revistas Oriente y Trocha, así como la desaparición de Eco de Oriente el más antiguo de los periódicos locales que tuvo tres vidas. También nació Llano 7 días, que justo en este año por asuntos no periodísticos dejó de tener el sabor regional. Del mismo modo, los villavicenses comenzamos a disfrutar de la televisión y de la radio en frecuencia modulada (FM).
Dentro de las grandes instituciones que le sucedieron a nuestra Casa de la Cultura, por su positivo impacto en la construcción del pensamiento regional destaco a la Unillanos, primera Alma Mater de la media Colombia que acaba de cumplir su 36 aniversario. También el surgimiento de la dependencia departamental regente de la Cultura, antes solo existía la de Turismo.
Nuestra cuarentona entidad cultural ha sido matriz de proyectos artísticos, indudablemente el más significativo es la Corporación Batuta Meta, de la que fue progenitora en los años finales del anterior siglo. Como antecedente de la hoy afamada orquesta infantil y juvenil, recuerdo el esfuerzo que hizo la directora Rosita Hoyos de Mejía, Q.E.P.D., para organizar la agrupación infantil con los instrumentos Orf donados por una entidad gubernamental.
Pero hay que decir que en la lucha por su supervivencia financiera también es ejemplo, puesto que desde su creación y a pesar del demostrable alto impacto de beneficio a varias generaciones de villavicenses, las crisis presupuestales nunca la abandonaron.
Así, en el olvido no puede quedar la anécdota de su fundadora Maruja Hernández de Gil, Q.E.P.D, más conocida como Mayuya, quien de manera altruista cuando ofició como directora optó por no cobrar su salario mensual.
sábado, 6 de agosto de 2011
Ocurrió hace 65 millones de años
Ocurrió hace 65 millones de años
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy
reciente noticia entregada por Yohoo.com en su portal argentino cuenta que con base en investigaciones científicas, hace 65 millones de años un meteorito se estrelló contra la tierra en el sitio que hoy conocemos como la península de Yucatán en México, dejando un cráter de 200 kilómetros de diámetro, localizado mitad en tierra firme y la otra parte en la profundidad del mar. Hasta la presente solo ha sido estudiada la porción terrestre, en el año 2013 iniciarán estudios en la zona marina.
En la nota la geóloga Joana Morgan dice que luego de esa caída “todo el planeta se alteró tras el impacto del meteorito de Chicxulub”, agrega la noticia que “después del evento desaparecieron
El 75% de las especies marinas, y el 65% de las terrestres, entre ellas los dinosaurios, que por aquella época (el final del período cretácico) eran los amos del planeta. Los nichos ecológicos vacíos fueron ocupados por seres pequeños, entre ellos los mamíferos que, con el proceso de evolución darían origen a los primates y al ser humano”.
Con base en esta nota científica, quiero esta vez recordar que a comienzos del nuevo siglo en caminatas eco turísticas por la cuenca alta de la Quebrada Salinas, en jurisdicción municipal de Restrepo –Meta-, con Carlos Lozano F. y Manuel Torres C. encontramos y recogimos piezas fósiles animales y vegetales.
Lo más repetitivo por allí en las piedras de color negro que arrastra el agua, son las marcas de pequeños caracoles prehistóricos, de características morfológicas similares a los que se les conoce con el nombre de ammonite. El fósil más grande hasta la fecha recogido mide 14 x 11 centímetros.
Según las consultas bibliográficas que he realizado, éstos animales marinos desaparecieron de la faz de la tierra hace 65 millones de años al tiempo que los dinosaurios. Las fotografías de dichas piezas fósiles las he proyectado en diferentes escenarios académicos de Villavicencio y Restrepo.
Ante la coincidencia de los años trascurridos desde la estrellada del meteorito en la península de Yucatán, que reporta el portal de yohoo.com, y los ammonites que accidentalmente hemos hallado en el material de arrastre de la Quebrada Salinas, me atrevo a especular expresando que la región que hoy habitamos sufrió mayúsculas alteraciones geológicas tras el profundo impacto generado con la estrepitosa caída del meteoro en referencia, y que la existencia de caracoles evidencia que por aquí existía un mar.
Reitero que resulta muy pobre o casi nula es la investigación científica, sobre el pasado prehistórico y precolombino de la Orinoquia colombiana.
Por: Oscar Alfonso Pabón Monroy
reciente noticia entregada por Yohoo.com en su portal argentino cuenta que con base en investigaciones científicas, hace 65 millones de años un meteorito se estrelló contra la tierra en el sitio que hoy conocemos como la península de Yucatán en México, dejando un cráter de 200 kilómetros de diámetro, localizado mitad en tierra firme y la otra parte en la profundidad del mar. Hasta la presente solo ha sido estudiada la porción terrestre, en el año 2013 iniciarán estudios en la zona marina.
En la nota la geóloga Joana Morgan dice que luego de esa caída “todo el planeta se alteró tras el impacto del meteorito de Chicxulub”, agrega la noticia que “después del evento desaparecieron
El 75% de las especies marinas, y el 65% de las terrestres, entre ellas los dinosaurios, que por aquella época (el final del período cretácico) eran los amos del planeta. Los nichos ecológicos vacíos fueron ocupados por seres pequeños, entre ellos los mamíferos que, con el proceso de evolución darían origen a los primates y al ser humano”.
Con base en esta nota científica, quiero esta vez recordar que a comienzos del nuevo siglo en caminatas eco turísticas por la cuenca alta de la Quebrada Salinas, en jurisdicción municipal de Restrepo –Meta-, con Carlos Lozano F. y Manuel Torres C. encontramos y recogimos piezas fósiles animales y vegetales.
Lo más repetitivo por allí en las piedras de color negro que arrastra el agua, son las marcas de pequeños caracoles prehistóricos, de características morfológicas similares a los que se les conoce con el nombre de ammonite. El fósil más grande hasta la fecha recogido mide 14 x 11 centímetros.
Según las consultas bibliográficas que he realizado, éstos animales marinos desaparecieron de la faz de la tierra hace 65 millones de años al tiempo que los dinosaurios. Las fotografías de dichas piezas fósiles las he proyectado en diferentes escenarios académicos de Villavicencio y Restrepo.
Ante la coincidencia de los años trascurridos desde la estrellada del meteorito en la península de Yucatán, que reporta el portal de yohoo.com, y los ammonites que accidentalmente hemos hallado en el material de arrastre de la Quebrada Salinas, me atrevo a especular expresando que la región que hoy habitamos sufrió mayúsculas alteraciones geológicas tras el profundo impacto generado con la estrepitosa caída del meteoro en referencia, y que la existencia de caracoles evidencia que por aquí existía un mar.
Reitero que resulta muy pobre o casi nula es la investigación científica, sobre el pasado prehistórico y precolombino de la Orinoquia colombiana.
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